2
Impacto de los parásitos
gastrointestinales en la salud animal y pública
Impact of gastrointestinal
parasites on animal and public health
MSc. Roberto Coello Peralta[1]
ORCID: https://orcid.org/0000-0001-5152-2843
PhD. María de Lourdes Salazar[2]
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3402-8058
MSc. Xavier Rodríguez
Burnham[3]
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-4275-3831
MSc. Sandra Parra Guayasamin[4]
ORCID: https://orcid.org/0000-0003-2410-7999
Cita sugerida (APA, séptima
edición)
Coello,
R., Salazar, ML., Rodríguez X. & Parra S. (2024). Impacto de los parásitos gastrointestinales en la
salud animal y pública. Revista
Mapa, 2(36), 11 –27.
http://revistamapa.org/index.php/es
RESUMEN
La OMS
manifiesta que las infecciones parasitarias intestinales constituyen al menos
una cuarta parte de todas las infecciones humanas en todo el mundo y afectan al
menos 2.000 millones de personas. El objetivo principal del estudio fue
investigar el impacto que tiene los parásitos gastrointestinales en la salud
animal y pública; mediante revisión bibliográfica realizada entre el 2011 al
2024 con respecto al impacto de las parasitosis intestinales, la prevalencia,
diagnóstico y patologías en animales y humanos. Los parásitos intestinales
producen trastornos gastrointestinales en mascotas (perros y gatos) y en
humanos producen diversas
características clínicas como: Vómitos, diarrea, peso insuficiente, anemia,
desnutrición y retraso de crecimiento. Así mismo, son diversas las prevalencias
que aparecen en la población, siendo los sectores rurales y los
urbano-marginales con clima tropical y subtropical, los más vulnerables. Estas parasitosis generan un gran impacto en la salud animal
y pública; sin embargo, este trabajo ofrece información
crucial para comprender y mitigar los riesgos de transmisión zoonótica,
destacando la importancia de intervenciones preventivas y la colaboración entre
disciplinas para proteger la salud de la ciudadanía. Dado que las infecciones
parasitarias intestinales están asociadas con patologías que afectan la
nutrición, desarrollo físico y el bienestar de las personas afectadas.
Palabras
claves:
caninos, epidemiología, parásitos gastrointestinales, salud animal y pública,
zoonosis
ABSTRACT
The WHO states that intestinal parasitic infections constitute at least a
quarter of all human infections worldwide and affect at least 2 billion people.
The main objective of the study was to investigate the impact that gastrointestinal
parasites have on animal and public health; through a bibliographic review
carried out between 2011 and 2024 regarding the impact of intestinal
parasitosis, prevalence, diagnosis and pathologies in animals and humans.
Intestinal parasites cause gastrointestinal disorders in pets (dogs and cats)
and in humans they produce various clinical characteristics such as: Vomiting,
diarrhea, insufficient weight, anemia, malnutrition and growth retardation.
Likewise, the prevalence that appears in the population is diverse, with rural
and marginal-urban sectors with tropical and subtropical climates being the
most vulnerable. These parasites generate a great impact on animal and public
health; However, this work offers crucial information to understand and
mitigate the risks of zoonotic transmission, highlighting the importance of
preventive interventions and collaboration between disciplines to protect the
health of citizens. Since intestinal parasitic infections are associated with
pathologies that affect the nutrition, physical development and well-being of
affected people.
Keywords: canines, epidemiology, gastrointestinal parasites, animal and public health, zoonoses
INTRODUCCIÓN
Los parásitos gastrointestinales
pueden causar en hospedadores animales una variedad de características clínicas
en la que destaca trastornos gastrointestinales,
retraso en el crecimiento, desnutrición y en casos
graves la muerte; se transmiten, generalmente por vía fecal oral; sin embargo,
existen otras vías de transmisión cómo percutánea, trasmamaria
y transplacentaria; por lo consiguiente, representan un serio problema de salud
animal. Muchos de estos parásitos son zoonóticos (Torres-Chablé
et al., 2015), y se estima que, a nivel mundial las infecciones parasitarias
intestinales constituyen al menos una cuarta parte de todas las infecciones
humanas en todo el mundo, que afectan al menos a 2.000 millones de personas
(OMS, 2014; Gitahi et al., 2021)
Alrededor
del 60% de las enfermedades infecciosas emergentes notificadas a nivel mundial
son zoonosis. En las últimas tres décadas se han detectado más de 30 nuevos
patógenos humanos, donde el 75% de los cuales se han originado en animales, representando un
riesgo para la salud pública que a veces se ignora; por lo consiguiente, es crucial
monitorear y tratar regularmente a las mascotas (perros y gatos) (OMS, 2014).
Las zoonosis
parasitarias desatendidas (NPZ) son un grupo de enfermedades comúnmente
asociadas a la pobreza, que involucran criptosporidiasis,
amebiasis, giardiasis, triquinelosis, equinococosis, cisticercosis, anquilostomiasis, toxocariasis,
trichuriasis e infecciones por tremátodos
transmitidas por alimentos que continúan imponiendo cargas
significativas en algunas poblaciones del mundo. Estas preferentemente, son
prevalentes en sectores urbano-marginales y rurales de países tropicales y
subtropicales en vías de desarrollo, donde las condiciones sanitarias, el
saneamiento ambiental, condiciones socioeconómicas, y ecológicos y hábitos (mala nutrición y hacinamiento) de higiene
de las personas no son adecuadas (Opara et al., 2012;
WHO, 2024). Sin embargo, la presencia de reservorios animales y factores
zoonóticos son componentes de riesgo en la transmisión (Lucero-Garzón
et al., 2015).
Estos
parásitos comúnmente en el hombre pueden transmitirse a través del agua, el
suelo y los alimentos contaminados, como frutas y verduras frescas (cuando se
comen crudas) con formas infecciosas de patógenos (huevos, quistes, ooquistes y
esporas). Los mariscos, el pescado y la carne también pueden transmitir
parásitos intestinales, principalmente si no se cocinan adecuadamente; sin
embargo, la principal vía de transmisión es la fecal-oral. (Salamandane
et al., 2021)
Peña et al. (2017) destaca la importancia de los parásitos
gastrointestinales de perros y gatos como un riesgo significativo para la salud
pública. Sin embargo, las condiciones ambientales favorables son
necesarios para el desarrollo de formas infectantes de estos parásitos, acentuando
la necesidad de tomar medidas de control para prevenir la transmisión de los
animales a los seres humanos (Peña et al., 2017). Por lo consiguiente, es importante generar
conciencia en la población y promover
hábitos de higiene en humanos y mascotas (Acosta et
al., 2017).
Hay que tomar en cuenta, que
los más propensos a la infección parasitaria son los niños que son un grupo
vulnerable en la población, donde comúnmente produce desnutrición (Lucero-Garzón
et al., 2015). Los niños en edad escolar soportan la mayor carga de morbilidad
asociada, debido a sus hábitos sucios de jugar o manipular suelos infestados,
comer con las manos sucias, prácticas antihigiénicas en el baño, beber y comer
agua y alimentos contaminados; se ha descrito que la alteración de la flora
gastrointestinal normal por parásitos intestinales está asociada con la
diarrea, una de las principales causas de morbilidad y mortalidad infantil en
los países en desarrollo (Opara et al., 2012).
Existe una
gran cantidad de publicaciones sobre la prevalencia y la intensidad de los
parásitos intestinales en diferentes poblaciones del mundo. Sin embargo, el objetivo de este estudio es
dar a conocer el impacto que tiene los parásitos gastrointestinales en la salud
animal y pública.
MATERIALES
Y MÉTODOS
Se realizó una búsqueda exhaustiva
en bases de datos científicas (PubMed, Scopus, Open Gray, Scielo, Science direct, Google académico,
Embase, medRxiv y bioRxiv) para
identificar la totalidad de los estudios pertinentes que abordaron el tema
propuesto. Se emplearon términos de búsqueda adecuados para identificar
estudios específicos acerca de la prevalencia, diagnóstico, patologías y el impacto de los parásitos gastrointestinales en la salud animal y pública.
La selección de estudios se efectuó
mediante la aplicación de criterios de inclusión y exclusión previamente
definidos, con el objetivo de elegir los estudios que formarían parte de la
temática. Estos criterios abarcaron el tipo de estudio, el tamaño de la
muestra, la ubicación geográfica, el año de publicación, calidad metodológica,
patologías causadas y el impacto en salud animal y pública. Se excluyeron los artículos sobre
cartas a los editores y memorias de congresos. Los resultados de la búsqueda se
combinaron y los duplicados se eliminaron.
También, se
determinó una revisión bibliográfica de las pruebas coproparasitarias
más utilizadas en la actualidad para la identificación de parásitos
gastrointestinales en animales y humanos, las mismas que son muy utilizadas en
diagnósticos de rutina y para fines de investigación.
RESULTADOS
Comúnmente, los parásitos gastrointestinales producen en mascotas
(perros y gatos) una
variedad de características clínicas cómo: anorexia, mucosas pálidas,
dermatitis, pérdida crónica de sangre, anemia
por deficiencia de hierro, diarrea, retraso en el crecimiento, vómito
y desnutrición; produciendo altos índices de morbilidad y en casos graves la
muerte (Torres-Chablé et al., 2015).
Para la
determinación de estos parásitos intestinales en muestras fecales de mascotas y
humanos, nos valemos de diferentes métodos coproparasitarios
y los más utilizados cómo screening para un gran número de muestras comúnmente
son: directo, flotación, sedimentación con centrifugación utilizando solución
salina (Girard, 2014; Beltrán et al., 2014). Para diferenciar larvas de estrongilideos y anquilostomas es necesario los métodos de Harada-Mori y Baermann modificado (Beltrán et al., 2014; Botero y Restrepo, 2019);
además, estos últimos parásitos se pueden cultivar en caja de placa agar
(Girard, 2014).
Así mismo,
para confirmar diversas formas parasitarias de los parásitos gastrointestinales
se puede realizar morfometría (Lucio et al., 2012; Botero y Restrepo, 2019; Romero Cabello, 2019); además, se puede realizar
biología molecular (PCR y secuenciación) que consiste en identificar el ácido
nucleico y luego caracterizarlo molecularmente para asociarlo en los perfiles
filogenéticos; y también, existe la citometría de flujo (MALDI-TOF y
VITEK) que consiste en la identificación proteica
de microorganismos a través de un software incorporado que tiene el equipo (Guo et al., 2014).
Sin
embargo, existen otros métodos de diagnósticos como: Sheather
(Alarcón et al., 2015), Bailenger Modificado,
Formol-éter (Ritchie modificado) (Ospina, 2022), técnica
de Sloss modificada, técnica de Ritchie Frick y
coloración de Kinyoun modificada (Lucero-Garzón et al., 2015) que
pueden ser utilizados.
En los
casos de investigación con estudios ecoepidemiológicos
de las parasitosis intestinales, implica determinación de: a) indicadores
epidemiológicos (prevalencia, morbilidad y mortalidad) que se obtiene mediante
diagnóstico y encuesta; b) determinantes sociales (escolaridad, conocimiento de
la enfermedad, hábitos de higiene, entre otros) obtenidas mediante encuesta; y
c) variables ambientales (temperatura, humedad, radiación solar, ph, entre otros) conseguidas mediante observación, estudios
de suelo, datos meteorológicos on-line o de boletines meteorológicos de
Institutos de Meteorología (Coello et al., 2024).
Por otro lado, los parásitos
intestinales pueden ser zoonóticos y causar diversas patologías en el hombre
cómo: Larva migrans cutánea causada por anquilostomas
(Ancylostoma caninum, Ancylostoma ceylanicum, Uncynaria
stenocephala y Ancylostoma brasiliense) y
se caracteriza por presentarse a nivel de la piel una lesión serpentiginosa, eritematosa con prurito (Coello et al.,
2024); la Toxocariasis causada por el Toxocara canis o catis, caracterizada por
presentarse cómo: a) síndrome de
larva migrans visceral (LMV) que ingresan a la
circulación sistémica con migración a órganos como hígado, pulmones y cerebro;
b) el síndrome de larva migrans ocular (LO) o toxocariasis
ocular; y c) la toxocariasis encubierta (Barrios et
al., 2020). La Hidatidosis o Echinococcosis, causada
por Echinococcus granulosus, se
caracteriza por presentarse quistes hidatídicos a nivel de diversos órganos
siendo más prevalentes en el hígado y pulmones (Coello et al., 2023); la
Estrongiloidiasis que es causada por el Strongyloides
stercoralis y dentro de las características clínicas
que se presenta son: a) la forma común que suele presentarse un eritema serpiginoso (producido por el contacto de la
larva con la piel), tos (similar al asma debido a la migración de la larva
hacia los pulmones), dolor abdominal y/o diarrea; b) la forma crónica o
asintomática y c) la diseminada que es la forma letal y está caracterizada por
la afectación de múltiples órganos y sistemas, además del pulmonar y el
gastrointestinal, la mortalidad puede llegar hasta el 87% y está frecuentemente
asociada a infección bacteriana secundaria
(Regueira et al., 2017).
El el caso de la Amebiasis causada por Entamoeba
coli e histolítica, la
Giardiasis por Giardia lamblia,
la Trichuriasis por Trichuris
trichiura, la Dipilidiasis
por el Dipylidium caninum,
y la Himenolepiasis por Himenolepys
nana y diminuta, todas estas causan en el hombre trastornos gastrointestinales,
especialmente en niños.
La prevalencia
de las parasitosis intestinales en humanos de zonas rurales y semirrurales del
Ecuador es del 53,33% en la región de la Costa, el 40% en la región Andina y el
6,66% en la Amazonía. El helminto con mayor prevalencia es el Ascaris lumbricoides,
seguidos de Trichuris trichiura,
Enterobius vermicularis,
Hymenolepis nana, H. diminuta y Strongyloides stercoralis; los protozoarios con mayor
prevalencia son Entamoeba coli, seguido
de Entamoeba histolytica, Blastocystis sp., Endolimax nana y Giardia lamblia (Durán et al., 2023).
En el caso de los perros
domésticos de Ecuador se han reportado casos de parásitos intestinales del
1,05% (Ramón, 2012) al 74% (Paredes et
al., 2021). Sin embargo, en un estudio realizado en el mismo país por Granda y
Bueno, (2018) determinó en humanos el 48,25% (201/97) de parásitos
intestinales, el parasito hallado con mayor frecuencia fue: Entamoeba histolítica 30.84%
(62/201), Entamoeba coli 13.93%
(28/201), Giardia lamblia 7,96%
(16/201), Ascaris lumbricoides 3,98%
(8/201), Trichuris trichura 3,98%
(8/201), Ancilostoma duodenalis 2,48%
(8/201), Strongyloides stercoralis 1,49%
(3/201). En perros domésticos identificó el 74,32% (257/191) de parasitosis
intestinales, entre los parásitos que se determinaron fue: Ancylostoma caninun 73,82%
(141/257), Toxocara canis 36,64% (70/257), Estrongyloides spp 26,17%
(50/257), Trichuris vulpis 4,18%
(8/257), Ascaris spp. 4,18% (8/257), Cystoisospora spp. 1,57%
(3/257), Dipilidium
caninum 1,04% (2/257), Opistrongylus spp. 1,04%
(2/257), Alaria spp.
0,52% (1/257) y Echinococcus
granuloso 0,52% (141/257).
Diversas son las prevalencias de parásitos
gastrointestinales en humanos, descritas en muchos países. Opara
et al. (2012) determinó en Nigeria, de un total
de 405 niños (220 rurales y 185 urbanos) al menos una especie de parásito
intestinal en 273 menores (67,4%); la prevalencia de infección fue mayor en
niños rurales (80,9%) que entre los urbanos (51,4%); la prevalencia de
anquilostomas fue mayor en niños de áreas rurales que los urbanos (55,9% frente
a 24,9%), seguido de: A. lumbricoides (30,5% vs. 16,8%); T. trichiura (4,1%
frente a 5,4%); G. lamblia (3,2% frente a 2,2%) y E. histolytica (0,9%
frente a 4,3%).
Así mismo, Gelaw et al. (2013) en humanos de Etiopía identificó Hymenolepis nana (13,8%),
E. histolytica/dispar (9,2%), Ascaris lumbricoides (5,9%),
G. intestinalis
(3,9%), T. trichiura (3,2%), Anquilostoma
2%, S. mansoni
1,3%, S. stercoralis
(0,7%). Hailu & Ayele
(2021) en el mismo país, en 645 niños estudiados, el 52,9%
estaban infectados con uno o más parásitos intestinales, predominando helmintos
(33,8%) sobre protozoos (20%), los parásitos principales fueron Ascaris lumbricoides
(22,6%), Entamoeba histolytica
(18,1%) e Hymenolepis nana (5,7%).
Salamandane et al.
(2021) describe en Mozambique el 29,3% de prevalencia parasitaria
gastrointestinal humana, en época de lluvias: 22,9% y en estación seca: 35,1%.
En
Colombia, Acosta Jurado et al. (2017) describe en 50 propietarios de
caninos parasitados, el 30% de parásitos gastrointestinales (Ascaris lumbricoides 22%, Entamoeba hystolítica 10%, Entamoeba coli 8% y Blastocystis hominis 6%); además, se
encontró una asociación
estadísticamente significativa entre la presencia de parásitos en los
propietarios y el hecho de no desinfectarse las manos, así como convivir con
diferentes especies de animales. En el mismo país, Lucero-Garzón et al. (2015) en niños de asentamientos suburbanos en Florencia-Caquetá,
se determinaron varios parásitos intestinales, como: Ascaris
lumbricoides, Trichuris trichiura, Necator americanus y Giardia duodenalis.
Por otro lado, respecto a
las prevalencias de parásitos gastrointestinales en caninos descritos en varios
países; se tiene que, en Perú se determinó el 72,1% de Ancylostoma caninum, (Huerto-Medina et al., 2015) y en el mismo país, en Chiclayo, Fernández y Jara, (2017) reporta una prevalencia del 31.3%, siendo los helmintos
más comunes el Toxocara canis (18.0%), Trichuris vulpis (10.0%) y Dipylidium caninum (5.7%). En Colombia, en un estudio realizado por Hernández,
(2018) en El Dorado, Meta, se identificó
una prevalencia del 75% de parásitos gastrointestinales en los caninos
examinados, identificándose principalmente Ancylostoma caninun y Toxocara spp.,
en el mismo país, Alarcón et al. (2015), de un total de 122 muestras de materia fecal canina, determinó
una prevalencia total de parasitosis del 19.67%, el parásito con mayor
frecuencia fue Ancylostoma spp. (17.21%), seguido de Trichuris spp. (1.63%) y Giardia spp. (0.81%) y Salgado y Martínez, (2023) determinó una prevalencia del 22 al 66%; en México, Rodríguez-Vivas et al.
(2011) encontraron una prevalencia del 80% de parásitos
intestinales en perros, identificando cuatro especies de helmintos y ooquistes
de coccidios, A. caninum
fue el más común (73,8%), seguido de T. vulpis (25,4%), T.
canis (6,2%), D. caninum
(2,3%) y ooquistes de coccidios (2,3%).
Los
resultados obtenidos sugieren que en nuestro país podrían ocurrir varias
transmisiones zoonóticas; sin embargo, se necesitan estudios adicionales para
confirmar este hecho. Además, es importante mencionar que la comunidad humana y
animal está expuesta a un riesgo significativo de transmisión debido a estos
parásitos, a los cambios medio ambientales, a la falta de infraestructura
sanitaria y a los hábitos de higiene de la población. Por ello, se debe educar
a la comunidad sobre las parasitosis intestinales y su prevención; así mismo,
tomar las medidas sanitarias necesarias y sobre la obligación de desparasitarse
periódicamente y a sus animales domésticos para prevenir la transmisión de
estos parásitos.
DISCUSIÓN
La prevalencia de parásitos
gastrointestinales y la gravedad de la infección tienen un profundo impacto en
la salud y el desarrollo humano, y afectan aproximadamente a un tercio de la
población mundial (Geers y Palmieri,
2015).
En general, las infecciones parasitarias intestinales
abundan en los países en desarrollo, y las personas con inmunidad deficientes
soportan la carga más pesada de la morbilidad asociada y además pueden causar
la muerte. Las prevalencias reportadas comúnmente son altas en animales y
personas, como se demuestra en esta investigación y comúnmente se asocian a la mala higiene ambiental y personal, a la escasez
de agua potable y la defecación indiscriminada; por eso, estas parasitosis
según la OMS se las cataloga como parasitosis desatendidas y son muy
prevalentes en sitios urbano-marginales y rurales con clima tropical cómo el
Ecuador (Opara et al., 2012).
Con
respectos a los estudios eco-epidemiológicos de las parasitosis desatendidas,
como el descrito en Ecuador por Coello et al. (2024), donde describieron que
las variables ambientales y los determinantes sociales influyen en la
transmisión, prevalencia y naturaleza de los parasitos
gastrointestinales; por lo consiguiente, es de vital importancia su estudio.
Las tasas de infección por parásitos
gastrointestinales son más altas en los niños que viven o viajan desde el
África subsahariana, Asia, América Latina y el Caribe. Estos parásitos pueden
causar malabsorción, desnutrición, retraso en el crecimiento, y anemia crónica,
condiciones que pueden afectar el desarrollo físico y cognitivo de los niños (Caring for Africa
Kids New to Canada, 2024).
En zonas urbano-marginales y rurales,
al haber deficiencia educativa, malas prácticas socioculturales y religiosas
poco saludables, la falta de servicios públicos básicos, el saneamiento
deficiente, la pobreza y el acceso inadecuado a la atención médica son los
principales factores de predisposición a las infecciones parasitarias
intestinales (Opara et
al., 2012).
Además, las infecciones parasitarias
intestinales como la amebiasis, la ascariasis, la anquilostomiasis y la trichiuriasis se encuentran entre las diez infecciones más
comunes en el mundo (Gelaw et al., 2013).
Finalmente, es importante mencionar,
que para reducir la prevalencia y prevención de las parasitosis se deben tener
en cuenta medidas que incluyan atención primaria de
salud, cómo el caso de la planificación familiar, atención infantil, educación
sanitaria y nutrición; también es importante, la higiene personal, el
saneamiento ambiental, suministro y tratamiento de agua, diagnósticos,
tratamiento seguro y eficaz y prevención (Gelaw et
al., 2013).
CONCLUSIONES
El
presente estudio describe, el impacto que tiene
los parásitos gastrointestinales en la salud animal y pública, las patologías
que producen estos, las prevalencias que se dan en Ecuador y en otras partes
del mundo, y los métodos coproparasitarios que se
utilizan en el diagnóstico o investigación de estos parásitos. La investigación
sobre el impacto de los
parásitos gastrointestinales que afectan a la salud animal y pública
ofrece información crucial para comprender y mitigar los riesgos de transmisión
zoonótica, destacando la importancia de intervenciones preventivas y la
colaboración entre disciplinas para proteger la salud de las mascotas y de la
ciudadanía, dado que las infecciones
parasitarias intestinales están asociadas con patologías que afectan la
nutrición, desarrollo físico y el bienestar de los animales y de las personas
afectadas.
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[1] Profesor-Investigador, Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia,
Universidad de Guayaquil, Guayaquil, Ecuador
[2] Profesor-Investigador, Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia,
Universidad de Guayaquil, Guayaquil, Ecuador
[3] Profesor-Investigador, Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia,
Universidad de Guayaquil, Guayaquil, Ecuador
[4] Profesor-Investigador, Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia,
Universidad de Guayaquil, Guayaquil, Ecuador