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  Fecha de presentación: abril, 2024 Fecha de aceptación: junio, 2024 Fecha de publicación: agosto, 2024

Impacto de los parásitos gastrointestinales en la salud animal y pública

 

Impact of gastrointestinal parasites on animal and public health

 

MSc. Roberto Coello Peralta[1]

roberto.coellope@ug.edu.ec

ORCID: https://orcid.org/0000-0001-5152-2843

 

PhD. María de Lourdes Salazar[2]

maria.salazarma@ug.edu.ec

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3402-8058

 

MSc. Xavier Rodríguez Burnham[3]

xavier.rodriguezb@ug.edu.ec

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-4275-3831

 

MSc. Sandra Parra Guayasamin[4]

sandra.parrag@ug.edu.ec

ORCID: https://orcid.org/0000-0003-2410-7999

 

Cita sugerida (APA, séptima edición)

Coello, R., Salazar, ML., Rodríguez X. & Parra S. (2024). Impacto de los parásitos gastrointestinales en la salud animal y pública. Revista Mapa, 2(36), 11 –27.

http://revistamapa.org/index.php/es

 

 

 

 

 


 

RESUMEN

La OMS manifiesta que las infecciones parasitarias intestinales constituyen al menos una cuarta parte de todas las infecciones humanas en todo el mundo y afectan al menos 2.000 millones de personas. El objetivo principal del estudio fue investigar el impacto que tiene los parásitos gastrointestinales en la salud animal y pública; mediante revisión bibliográfica realizada entre el 2011 al 2024 con respecto al impacto de las parasitosis intestinales, la prevalencia, diagnóstico y patologías en animales y humanos. Los parásitos intestinales producen trastornos gastrointestinales en mascotas (perros y gatos) y en humanos producen  diversas características clínicas como: Vómitos, diarrea, peso insuficiente, anemia, desnutrición y retraso de crecimiento. Así mismo, son diversas las prevalencias que aparecen en la población, siendo los sectores rurales y los urbano-marginales con clima tropical y subtropical, los más vulnerables. Estas parasitosis generan un gran impacto en la salud animal y pública; sin embargo, este trabajo ofrece información crucial para comprender y mitigar los riesgos de transmisión zoonótica, destacando la importancia de intervenciones preventivas y la colaboración entre disciplinas para proteger la salud de la ciudadanía. Dado que las infecciones parasitarias intestinales están asociadas con patologías que afectan la nutrición, desarrollo físico y el bienestar de las personas afectadas.

 

Palabras claves: caninos, epidemiología, parásitos gastrointestinales, salud animal y pública, zoonosis

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ABSTRACT

The WHO states that intestinal parasitic infections constitute at least a quarter of all human infections worldwide and affect at least 2 billion people. The main objective of the study was to investigate the impact that gastrointestinal parasites have on animal and public health; through a bibliographic review carried out between 2011 and 2024 regarding the impact of intestinal parasitosis, prevalence, diagnosis and pathologies in animals and humans. Intestinal parasites cause gastrointestinal disorders in pets (dogs and cats) and in humans they produce various clinical characteristics such as: Vomiting, diarrhea, insufficient weight, anemia, malnutrition and growth retardation. Likewise, the prevalence that appears in the population is diverse, with rural and marginal-urban sectors with tropical and subtropical climates being the most vulnerable. These parasites generate a great impact on animal and public health; However, this work offers crucial information to understand and mitigate the risks of zoonotic transmission, highlighting the importance of preventive interventions and collaboration between disciplines to protect the health of citizens. Since intestinal parasitic infections are associated with pathologies that affect the nutrition, physical development and well-being of affected people.

 

 
Keywords: canines, epidemiology, gastrointestinal parasites, animal and public health, zoonoses

 

 

 


INTRODUCCIÓN

Los parásitos gastrointestinales pueden causar en hospedadores animales una variedad de características clínicas en la que destaca trastornos gastrointestinales, retraso en el crecimiento, desnutrición y en casos graves la muerte; se transmiten, generalmente por vía fecal oral; sin embargo, existen otras vías de transmisión cómo percutánea, trasmamaria y transplacentaria; por lo consiguiente, representan un serio problema de salud animal. Muchos de estos parásitos son zoonóticos (Torres-Chablé et al., 2015), y se estima que, a nivel mundial las infecciones parasitarias intestinales constituyen al menos una cuarta parte de todas las infecciones humanas en todo el mundo, que afectan al menos a 2.000 millones de personas (OMS, 2014; Gitahi et al., 2021)

Alrededor del 60% de las enfermedades infecciosas emergentes notificadas a nivel mundial son zoonosis. En las últimas tres décadas se han detectado más de 30 nuevos patógenos humanos, donde el 75% de los cuales se han originado en animales, representando un riesgo para la salud pública que a veces se ignora; por lo consiguiente, es crucial monitorear y tratar regularmente a las mascotas (perros y gatos) (OMS, 2014).

Las zoonosis parasitarias desatendidas (NPZ) son un grupo de enfermedades comúnmente asociadas a la pobreza, que involucran criptosporidiasis, amebiasis, giardiasis, triquinelosis, equinococosis, cisticercosis, anquilostomiasis, toxocariasis, trichuriasis e infecciones por tremátodos transmitidas por alimentos que continúan imponiendo cargas significativas en algunas poblaciones del mundo. Estas preferentemente, son prevalentes en sectores urbano-marginales y rurales de países tropicales y subtropicales en vías de desarrollo, donde las condiciones sanitarias, el saneamiento ambiental, condiciones socioeconómicas, y ecológicos y hábitos (mala nutrición y hacinamiento) de higiene de las personas no son adecuadas (Opara et al., 2012; WHO, 2024). Sin embargo, la presencia de reservorios animales y factores zoonóticos son componentes de riesgo en la transmisión (Lucero-Garzón et al., 2015).

Estos parásitos comúnmente en el hombre pueden transmitirse a través del agua, el suelo y los alimentos contaminados, como frutas y verduras frescas (cuando se comen crudas) con formas infecciosas de patógenos (huevos, quistes, ooquistes y esporas). Los mariscos, el pescado y la carne también pueden transmitir parásitos intestinales, principalmente si no se cocinan adecuadamente; sin embargo, la principal vía de transmisión es la fecal-oral. (Salamandane et al., 2021)

            Peña et al. (2017) destaca la importancia de los parásitos gastrointestinales de perros y gatos como un riesgo significativo para la salud pública. Sin embargo, las condiciones ambientales favorables son necesarios para el desarrollo de formas infectantes de estos parásitos, acentuando la necesidad de tomar medidas de control para prevenir la transmisión de los animales a los seres humanos (Peña et al., 2017). Por lo consiguiente, es importante generar conciencia en la población y promover hábitos de higiene en humanos y mascotas (Acosta et al., 2017).

Hay que tomar en cuenta, que los más propensos a la infección parasitaria son los niños que son un grupo vulnerable en la población, donde comúnmente produce desnutrición (Lucero-Garzón et al., 2015). Los niños en edad escolar soportan la mayor carga de morbilidad asociada, debido a sus hábitos sucios de jugar o manipular suelos infestados, comer con las manos sucias, prácticas antihigiénicas en el baño, beber y comer agua y alimentos contaminados; se ha descrito que la alteración de la flora gastrointestinal normal por parásitos intestinales está asociada con la diarrea, una de las principales causas de morbilidad y mortalidad infantil en los países en desarrollo (Opara et al., 2012).

Existe una gran cantidad de publicaciones sobre la prevalencia y la intensidad de los parásitos intestinales en diferentes poblaciones del mundo. Sin embargo, el objetivo de este estudio es dar a conocer el impacto que tiene los parásitos gastrointestinales en la salud animal y pública.

MATERIALES Y MÉTODOS

Se realizó una búsqueda exhaustiva en bases de datos científicas (PubMed, Scopus, Open Gray, Scielo, Science direct, Google académico, Embase, medRxiv y bioRxiv) para identificar la totalidad de los estudios pertinentes que abordaron el tema propuesto. Se emplearon términos de búsqueda adecuados para identificar estudios específicos acerca de la prevalencia, diagnóstico, patologías y el impacto de los parásitos gastrointestinales en la salud animal y pública.

La selección de estudios se efectuó mediante la aplicación de criterios de inclusión y exclusión previamente definidos, con el objetivo de elegir los estudios que formarían parte de la temática. Estos criterios abarcaron el tipo de estudio, el tamaño de la muestra, la ubicación geográfica, el año de publicación, calidad metodológica, patologías causadas y el impacto en salud animal y pública. Se excluyeron los artículos sobre cartas a los editores y memorias de congresos. Los resultados de la búsqueda se combinaron y los duplicados se eliminaron. 

También, se determinó una revisión bibliográfica de las pruebas coproparasitarias más utilizadas en la actualidad para la identificación de parásitos gastrointestinales en animales y humanos, las mismas que son muy utilizadas en diagnósticos de rutina y para fines de investigación.

RESULTADOS

Comúnmente, los parásitos gastrointestinales producen en mascotas (perros y gatos) una variedad de características clínicas cómo: anorexia, mucosas pálidas, dermatitis, pérdida crónica de sangre, anemia por deficiencia de hierro, diarrea, retraso en el crecimiento, vómito y desnutrición; produciendo altos índices de morbilidad y en casos graves la muerte (Torres-Chablé et al., 2015).

Para la determinación de estos parásitos intestinales en muestras fecales de mascotas y humanos, nos valemos de diferentes métodos coproparasitarios y los más utilizados cómo screening para un gran número de muestras comúnmente son: directo, flotación, sedimentación con centrifugación utilizando solución salina (Girard, 2014; Beltrán et al., 2014). Para diferenciar larvas de estrongilideos y anquilostomas es necesario los métodos de Harada-Mori y Baermann modificado (Beltrán et al., 2014; Botero y Restrepo, 2019); además, estos últimos parásitos se pueden cultivar en caja de placa agar (Girard, 2014).

Así mismo, para confirmar diversas formas parasitarias de los parásitos gastrointestinales se puede realizar morfometría (Lucio et al., 2012; Botero y Restrepo, 2019; Romero Cabello, 2019); además, se puede realizar biología molecular (PCR y secuenciación) que consiste en identificar el ácido nucleico y luego caracterizarlo molecularmente para asociarlo en los perfiles filogenéticos; y también, existe la citometría de flujo (MALDI-TOF y VITEK) que consiste en la identificación proteica de microorganismos a través de un software incorporado que tiene el equipo (Guo et al., 2014).

 

Sin embargo, existen otros métodos de diagnósticos como: Sheather (Alarcón et al., 2015), Bailenger Modificado, Formol-éter (Ritchie modificado) (Ospina, 2022), técnica de Sloss modificada, técnica de Ritchie Frick y coloración de Kinyoun modificada (Lucero-Garzón et al., 2015) que pueden ser utilizados.

En los casos de investigación con estudios ecoepidemiológicos de las parasitosis intestinales, implica determinación de: a) indicadores epidemiológicos (prevalencia, morbilidad y mortalidad) que se obtiene mediante diagnóstico y encuesta; b) determinantes sociales (escolaridad, conocimiento de la enfermedad, hábitos de higiene, entre otros) obtenidas mediante encuesta; y c) variables ambientales (temperatura, humedad, radiación solar, ph, entre otros) conseguidas mediante observación, estudios de suelo, datos meteorológicos on-line o de boletines meteorológicos de Institutos de Meteorología (Coello et al., 2024).

Por otro lado, los parásitos intestinales pueden ser zoonóticos y causar diversas patologías en el hombre cómo: Larva migrans cutánea causada por anquilostomas (Ancylostoma caninumAncylostoma ceylanicum, Uncynaria stenocephala y Ancylostoma brasiliense) y se caracteriza por presentarse a nivel de la piel una lesión serpentiginosa, eritematosa con prurito (Coello et al., 2024); la Toxocariasis causada por el Toxocara canis o catis, caracterizada por presentarse cómo: a) síndrome de larva migrans visceral (LMV) que  ingresan a la circulación sistémica con migración a órganos como hígado, pulmones y cerebro; b) el síndrome de larva migrans ocular (LO)  o toxocariasis ocular; y c) la toxocariasis encubierta (Barrios et al., 2020). La Hidatidosis o Echinococcosis, causada por Echinococcus granulosus, se caracteriza por presentarse quistes hidatídicos a nivel de diversos órganos siendo más prevalentes en el hígado y pulmones (Coello et al., 2023); la Estrongiloidiasis que es causada por el Strongyloides stercoralis y dentro de las características clínicas que se presenta son: a) la forma común que suele presentarse un eritema serpiginoso (producido por el contacto de la larva con la piel), tos (similar al asma debido a la migración de la larva hacia los pulmones), dolor abdominal y/o diarrea; b) la forma crónica o asintomática y c) la diseminada que es la forma letal y está caracterizada por la afectación de múltiples órganos y sistemas, además del pulmonar y el gastrointestinal, la mortalidad puede llegar hasta el 87% y está frecuentemente asociada a infección bacteriana secundaria (Regueira et al., 2017).

El el caso de la Amebiasis causada por Entamoeba coli e histolítica, la Giardiasis por Giardia lamblia, la Trichuriasis por Trichuris trichiura, la Dipilidiasis por el Dipylidium caninum, y la Himenolepiasis por Himenolepys nana y diminuta, todas estas causan en el hombre trastornos gastrointestinales, especialmente en niños.

La prevalencia de las parasitosis intestinales en humanos de zonas rurales y semirrurales del Ecuador es del 53,33% en la región de la Costa, el 40% en la región Andina y el 6,66% en la Amazonía. El helminto con mayor prevalencia es el Ascaris lumbricoides, seguidos de Trichuris trichiura, Enterobius vermicularis, Hymenolepis nana, H. diminuta y Strongyloides stercoralis; los protozoarios con mayor prevalencia son Entamoeba coli, seguido de Entamoeba histolytica, Blastocystis sp., Endolimax nana y Giardia lamblia (Durán et al., 2023).

 

En el caso de los perros domésticos de Ecuador se han reportado casos de parásitos intestinales del 1,05% (Ramón, 2012) al 74% (Paredes et al., 2021). Sin embargo, en un estudio realizado en el mismo país por Granda y Bueno, (2018) determinó en humanos el 48,25% (201/97) de parásitos intestinales, el parasito hallado con mayor frecuencia fue: Entamoeba histolítica 30.84% (62/201), Entamoeba coli 13.93% (28/201), Giardia lamblia 7,96% (16/201), Ascaris lumbricoides 3,98% (8/201), Trichuris trichura 3,98% (8/201), Ancilostoma duodenalis 2,48% (8/201), Strongyloides stercoralis 1,49% (3/201). En perros domésticos identificó el 74,32% (257/191) de parasitosis intestinales, entre los parásitos que se determinaron fue: Ancylostoma caninun 73,82% (141/257), Toxocara canis 36,64% (70/257), Estrongyloides spp 26,17% (50/257), Trichuris vulpis 4,18% (8/257), Ascaris spp. 4,18% (8/257), Cystoisospora spp. 1,57% (3/257), Dipilidium caninum 1,04% (2/257), Opistrongylus spp. 1,04% (2/257), Alaria spp. 0,52% (1/257) y Echinococcus granuloso 0,52% (141/257).

Diversas son las prevalencias de parásitos gastrointestinales en humanos, descritas en muchos países. Opara et al. (2012) determinó en Nigeria, de un total de 405 niños (220 rurales y 185 urbanos) al menos una especie de parásito intestinal en 273 menores (67,4%); la prevalencia de infección fue mayor en niños rurales (80,9%) que entre los urbanos (51,4%); la prevalencia de anquilostomas fue mayor en niños de áreas rurales que los urbanos (55,9% frente a 24,9%), seguido de: A. lumbricoides (30,5% vs. 16,8%); T. trichiura (4,1% frente a 5,4%); G. lamblia (3,2% frente a 2,2%) y E. histolytica (0,9% frente a 4,3%). 

Así mismo, Gelaw et al. (2013) en humanos de Etiopía identificó Hymenolepis nana (13,8%), E. histolytica/dispar (9,2%), Ascaris lumbricoides (5,9%), G. intestinalis (3,9%), T. trichiura (3,2%), Anquilostoma 2%, S. mansoni 1,3%, S. stercoralis (0,7%). Hailu & Ayele (2021) en el mismo país, en 645 niños estudiados, el 52,9% estaban infectados con uno o más parásitos intestinales, predominando helmintos (33,8%) sobre protozoos (20%), los parásitos principales fueron Ascaris lumbricoides (22,6%), Entamoeba histolytica (18,1%) e Hymenolepis nana (5,7%).

Salamandane et al. (2021) describe en Mozambique el 29,3% de prevalencia parasitaria gastrointestinal humana, en época de lluvias: 22,9% y en estación seca: 35,1%.

En Colombia, Acosta Jurado et al. (2017) describe en 50 propietarios de caninos parasitados, el 30% de parásitos gastrointestinales (Ascaris lumbricoides 22%, Entamoeba hystolítica 10%, Entamoeba coli 8% y Blastocystis hominis 6%); además, se encontró una asociación estadísticamente significativa entre la presencia de parásitos en los propietarios y el hecho de no desinfectarse las manos, así como convivir con diferentes especies de animales. En el mismo país, Lucero-Garzón et al. (2015) en niños de asentamientos suburbanos en Florencia-Caquetá, se determinaron varios parásitos intestinales, como: Ascaris lumbricoides, Trichuris trichiura, Necator americanus y Giardia duodenalis.

Por otro lado, respecto a las prevalencias de parásitos gastrointestinales en caninos descritos en varios países; se tiene que, en Perú se determinó el 72,1% de Ancylostoma caninum, (Huerto-Medina et al., 2015) y en el mismo país, en Chiclayo, Fernández y Jara, (2017) reporta una prevalencia del 31.3%, siendo los helmintos más comunes el Toxocara canis (18.0%), Trichuris vulpis (10.0%) y Dipylidium caninum (5.7%). En Colombia, en un estudio realizado por Hernández, (2018) en El Dorado, Meta, se identificó una prevalencia del 75% de parásitos gastrointestinales en los caninos examinados, identificándose principalmente Ancylostoma caninun y Toxocara spp., en el mismo país, Alarcón et al. (2015), de un total de 122 muestras de materia fecal canina, determinó una prevalencia total de parasitosis del 19.67%, el parásito con mayor frecuencia fue Ancylostoma spp. (17.21%), seguido de Trichuris spp. (1.63%) y Giardia spp. (0.81%) y Salgado y Martínez, (2023) determinó una prevalencia del 22 al 66%; en México, Rodríguez-Vivas et al. (2011) encontraron una prevalencia del 80% de parásitos intestinales en perros, identificando cuatro especies de helmintos y ooquistes de coccidios, A. caninum fue el más común (73,8%), seguido de T. vulpis (25,4%), T. canis (6,2%), D. caninum (2,3%) y ooquistes de coccidios (2,3%).

Los resultados obtenidos sugieren que en nuestro país podrían ocurrir varias transmisiones zoonóticas; sin embargo, se necesitan estudios adicionales para confirmar este hecho. Además, es importante mencionar que la comunidad humana y animal está expuesta a un riesgo significativo de transmisión debido a estos parásitos, a los cambios medio ambientales, a la falta de infraestructura sanitaria y a los hábitos de higiene de la población. Por ello, se debe educar a la comunidad sobre las parasitosis intestinales y su prevención; así mismo, tomar las medidas sanitarias necesarias y sobre la obligación de desparasitarse periódicamente y a sus animales domésticos para prevenir la transmisión de estos parásitos.

DISCUSIÓN

La prevalencia de parásitos gastrointestinales y la gravedad de la infección tienen un profundo impacto en la salud y el desarrollo humano, y afectan aproximadamente a un tercio de la población mundial (Geers y Palmieri, 2015).

En general, las infecciones parasitarias intestinales abundan en los países en desarrollo, y las personas con inmunidad deficientes soportan la carga más pesada de la morbilidad asociada y además pueden causar la muerte. Las prevalencias reportadas comúnmente son altas en animales y personas, como se demuestra en esta investigación y comúnmente se asocian a la mala higiene ambiental y personal, a la escasez de agua potable y la defecación indiscriminada; por eso, estas parasitosis según la OMS se las cataloga como parasitosis desatendidas y son muy prevalentes en sitios urbano-marginales y rurales con clima tropical cómo el Ecuador (Opara et al., 2012).

Con respectos a los estudios eco-epidemiológicos de las parasitosis desatendidas, como el descrito en Ecuador por Coello et al. (2024), donde describieron que las variables ambientales y los determinantes sociales influyen en la transmisión, prevalencia y naturaleza de los parasitos gastrointestinales; por lo consiguiente, es de vital importancia su estudio.

Las tasas de infección por parásitos gastrointestinales son más altas en los niños que viven o viajan desde el África subsahariana, Asia, América Latina y el Caribe. Estos parásitos pueden causar malabsorción, desnutrición, retraso en el crecimiento, y anemia crónica, condiciones que pueden afectar el desarrollo físico y cognitivo de los niños (Caring for Africa Kids New to Canada, 2024).

En zonas urbano-marginales y rurales, al haber deficiencia educativa, malas prácticas socioculturales y religiosas poco saludables, la falta de servicios públicos básicos, el saneamiento deficiente, la pobreza y el acceso inadecuado a la atención médica son los principales factores de predisposición a las infecciones parasitarias intestinales (Opara et al., 2012).

Además, las infecciones parasitarias intestinales como la amebiasis, la ascariasis, la anquilostomiasis y la trichiuriasis se encuentran entre las diez infecciones más comunes en el mundo (Gelaw et al., 2013).

 

Finalmente, es importante mencionar, que para reducir la prevalencia y prevención de las parasitosis se deben tener en cuenta medidas que incluyan atención primaria de salud, cómo el caso de la planificación familiar, atención infantil, educación sanitaria y nutrición; también es importante, la higiene personal, el saneamiento ambiental, suministro y tratamiento de agua, diagnósticos, tratamiento seguro y eficaz y prevención (Gelaw et al., 2013).

CONCLUSIONES

El presente estudio describe, el impacto que tiene los parásitos gastrointestinales en la salud animal y pública, las patologías que producen estos, las prevalencias que se dan en Ecuador y en otras partes del mundo, y los métodos coproparasitarios que se utilizan en el diagnóstico o investigación de estos parásitos. La investigación sobre el impacto de los parásitos gastrointestinales que afectan a la salud animal y pública ofrece información crucial para comprender y mitigar los riesgos de transmisión zoonótica, destacando la importancia de intervenciones preventivas y la colaboración entre disciplinas para proteger la salud de las mascotas y de la ciudadanía, dado que las infecciones parasitarias intestinales están asociadas con patologías que afectan la nutrición, desarrollo físico y el bienestar de los animales y de las personas afectadas.

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[1] Profesor-Investigador, Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, Universidad de Guayaquil, Guayaquil, Ecuador

[2] Profesor-Investigador, Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, Universidad de Guayaquil, Guayaquil, Ecuador

[3] Profesor-Investigador, Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, Universidad de Guayaquil, Guayaquil, Ecuador

[4] Profesor-Investigador, Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, Universidad de Guayaquil, Guayaquil, Ecuador