Fecha de presentación: enero, 2020 Fecha de
aceptación: febrero, 2020 Fecha de publicación: abril, 2020

Mujer,
arquitectura e interiorismo en el Perú durante el siglo XX. Una presencia
no reconocida
Women,
architecture and interior design in Peru during the 20th century. An unrecognized presence
Mg. Doraliza
Olivera Mendoza[1]
ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3341-5328
Dra. María del Carmen Llontop
Castillo[2]
ORCID:
https://orcid.org/0000-0003-4110-3025
Cita sugerida
(APA, sexta edición)
Doraliza Olivera Mendoza, D. & Llontop
Castillo, M. C. (2020). Mujer,
arquitectura e interiorismo en el Perú durante el siglo XX. Una presencia
no reconocida.
Revista Mapa, 7(19), 120- 139. Recuperado
de http://revistamapa.org/index,php/es
RESUMEN
Durante
el siglo XX la labor de las arquitectas e interioristas en el Perú ha sido poco
reconocida, dado que la arquitectura como disciplina constituía un espacio de
dominio de los varones. Esta situación ha sido heredada de la práctica de una
sociedad patriarcal y de la ideología androcentrista
que desde la época colonial regía en el Perú y América Latina. Sin embargo, la
mujer ha participado en diferentes campos de la profesión arquitectónica:
teórica, práctica, tecnológica y proyectual. Además, se ha involucrado con la
escala del objeto arquitectónico y la ciudad. En cuanto al interiorismo, su
labor, ligada a la decoración interior acercó principios de estética y
funcionalidad a los hogares peruanos. El resultado de su presencia en un
escenario visible ha sido producto del contexto político, social, económico y
cultural que afectó al país y al sector construcción y, con ello, a la
arquitectura y el interiorismo.
Palabras clave: arquitectura, interiorismo, invisibilidad,
mujer, siglo XX
ABSTRACT
During the twentieth century, the
work of women architects and interior designers in Peru has been little
recognized, because architecture was considered a discipline that constituted a
space dominated by men. This situation has been inherited from the practice of
a patriarchal society and androcentric ideology that has governed Peru and
Latin America since colonial times. However, women have participated in
different fields of the architectural profession: theoretical, practical, technological and design and have also been involved in both
the scale of the architectural object and the city. Regarding interior design,
women’s work associated to interior decoration, brought principles of
aesthetics and functionality closer to Peruvian homes. Its presence on a
visible scenario results from the influence of a political, social, economic
and cultural context on the country that affects the construction industry, and
with that architecture and interior design.
Keywords: architecture, interior design, invisibility, Women,
20th century
INTRODUCCIÓN
La mujer, al igual que el sexo, opuesto ha
participado en la creación de productos culturales, como ciudades, objetos
arquitectónicos, elementos utilitarios y decorativos. Sin embargo, su presencia
en la historiografía de la arquitectura ha sido débilmente registrada.
Indudablemente, reflexionar sobre la participación de la mujer en la
arquitectura e interiorismo conlleva a debates sobre cuestiones de género, pues
lo registrado deviene de estereotipos en los cuales los roles se han mantenido
en el tiempo y han sido afectados por el contexto en diferentes periodos
históricos (Gamba, 2009) (Matud, Rodríguez, Marrero y
Carballeira, 2002).
Durante el siglo XX, tuvieron lugar
acontecimientos políticos, sociales y económicos que repercutieron en la
modernización y expansión urbana. Destaca la labor de los arquitectos
representantes del Movimiento Moderno en
la arquitectura y promotores de teorías urbanas. El resultado, son las
ciudades del siglo XXI con poco registro de producción femenina. En el
extranjero se han realizado estudios que reivindican la presencia de la mujer,
sobre todo en aquellos países cuya imagen se asocia a la de los grandes
maestros del Movimiento Moderno, como
el caso de Lilly Reich, de la Bauhaus, o estudios de personajes centrales, como
los de Matilde Ucelay (España). En Sudamérica, se
reconoce la obra de Carmen Portinho (Brasil) y Marina
Waisman (Argentina), mientras que en el interiorismo,
Elsie de Wolf (1907), quien permitió la
profesionalización de la decoración interior. ¿Qué sucedió en el caso peruano?
Aunque se han realizado estudios que involucran
a la mujer en cuestiones de género desde el ámbito social, cultural,
antropológico y político, desde la profesión de la arquitectura y el
interiorismo es poco lo registrado y sistematizado. Sin embargo, existen
algunos estudios que abarcan el periodo inicial del siglo XX o se dan a
propósito de otras indagaciones. Así, los trabajos de Sandra Vivanco (2003),
Carolina Velásquez (2011) y José Carlos Huapaya
(2007), constituyen aproximaciones desde una narrativa histórico-biográfica y
contextual que pone en escenario a la primera mujer que estudió en la Escuela
de Ingenieros del Perú (ENI), Mary Doris Clark.
Asimismo, a lo largo del siglo XX, son muchas
las mujeres que han participado de manera teórica y práctica en el desarrollo
de la profesión. Sus nombres permanecen aún en el anonimato. Y es por ello, que
este artículo[3]
pretende visibilizar la presencia de las mujeres en la arquitectura y el
interiorismo en el Perú durante el siglo XX, a partir de la identificación de
una periodificación histórica de su participación
basada en el contexto en el que se desarrollan los eventos, para la
identificación de arquitectas e interioristas representativas que constituyan
referentes locales para las nuevas generaciones.
DESARROLLO
En conjunto, la sociedad proyecta rasgos que
definen su comportamiento y actuar, sus paradigmas de actuación (Deroncele, 2020) producto de los roles de género asignados
a cada individuo. En el caso de América Latina, los preceptos de sociedad
patriarcal y androcentrismo provienen de la Colonia y han provocado la
invisibilidad de la obra de la mujer y su limitada incorporación a la historia
social, como se verá proyectada también en el campo de la arquitectura y el
interiorismo.
En una sociedad patriarcal, el dominio se
ejerce con el fin de afectar al otro considerado un personaje débil que
requiere la protección del patriarca-padre-autoridad (Alemany,
2005), los vínculos hombre-mujer, resultan impregnados de aspectos
socioculturales y políticos que repercuten en la vida cotidiana y pública
(Fernández y Duarte, 2006). En este contexto, se generan relaciones de dominio
y opresión, inferioridad versus superioridad, que ponen a la mujer bajo la
supremacía masculina, reforzada por la idea de correspondencia que por
naturaleza la conmina al ámbito doméstico (Fernández y Duarte, 2006). Esta
situación de sometimiento ha perdurado en el tiempo por autoaceptación
debido a beneficios de seguridad, dependencia económica o estatus social
adquiridos.
La ideología androcentrista
desarrollada por años en Latinoamérica, vigente durante el siglo XX, ha
contribuido al anonimato de la mujer en la esfera pública y la invisibilidad de
su labor. La consideración de lo masculino como verdad absoluta para ser
registrado (González, 2013) ha conllevado a una historiografía de la
arquitectura fragmentada, ante lo cual la mujer se encuentra en una situación
de minusvalía, pues su producción parece ser insignificante (Lerner, 1986). A
ello se suma, la exclusión por omisión y misoginia, así como por la sumisión y autoconvencimiento, por falta de referentes propios de su
género, de merecer el trato discriminatorio de inferioridad para mantenerse en
silencio ante la difusión de hechos históricos.
La introducción de la mujer en la historia ha
sido posible por el interés en investigaciones sobre grupos humanos
independientes y sus necesidades (Scott, 2008). Abordar su estudio desde
diversas disciplinas implica comprender el contexto de sus experiencias y
producción. Visto así, la invisibilidad y práctica discriminatoria han sido
generadas a partir de estereotipos basados en aspectos geográficos, sociales y raciales
que se han presentado en la historiografía de la arquitectura (Gürel y Anthony, 2006). Asimismo, en el ejercicio
profesional, las arquitectas alcanzaban un lugar si pertenecían al grupo de
algún arquitecto reconocido, integraban formas de producción norteamericanas o
europeas, más aún si eran de raza aria (Arias, 2018). Ni siquiera desde el
interiorismo podían formar parte de la historia porque para los estudiosos de
la arquitectura esta no existía (Gürel y Anthony,
2006).
A esta situación, que también es propia del
caso peruano, debe sumarse el desconocimiento público de lo que implica la
labor del arquitecto y el divorcio del interiorismo. Para las normas peruanas
que rigen el ejercicio profesional[4], la labor del arquitecto
involucra el objeto arquitectónico, su vínculo con la ciudad, el paisaje y el
territorio, desarrolla la arquitectura interior, el trabajo de detalles y
mobiliario a escala arquitectónica y urbana. Asimismo, gestiona, planifica y
ejecuta procesos vinculados al rubro de la arquitectura y la construcción desde
el sector público o privado, de manera individual o colectiva. Además, se
desenvuelve como técnico, científico o docente, tareas que han sido ejecutadas
por las mujeres del ramo durante el siglo XX.
La enseñanza de la
arquitectura e interiorismo.
La restricción por género y clases sociales
para el acceso a la educación de la mujer proviene de la época colonial. Si en
caso la mujer decidía recibir instrucción lo debía hacer bajo autorización del
patriarca o figura masculina de la familia y debía limitarse a elegir cursos
que le servían para fortalecer sus capacidades para el cuidado del hogar.
Mientras tanto, la mujer con inclinaciones artísticas podía acceder
principalmente a talleres particulares de pintura, ya que la escultura era
destinada para los varones (Pachas, 2008).
Luego que los movimientos feministas lograran
obtener el acceso libre a la formación universitaria, las mujeres hicieron su
ingreso a la única escuela de formación de arquitectos en el país, la Escuela
Nacional de Ingeniería (ENI). La primera mujer en ingresar a sus aulas fue Mary
Doris Clark (1924), seguida por Clotilde Mendiola (1936), las hermanas Zegarra
y Hilde Scheuch (1948)
(Álvarez, 2006). A la par, la Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú (ENBA),
contribuyó con la formación de artistas plásticas que por vocación se
involucraron con el diseño interior, entre ellas destaca la labor de Elena Izcue.
A partir de 1960 se incrementó el número de los
centros de enseñanza de arquitectura, como en la Universidad San Antonio de
Abad, en el Cusco. En Lima, en la Universidad Nacional Federico Villarreal y en
la Universidad Ricardo Palma, constituyéndose esta última en la primera
universidad privada en formar arquitectos. En simultáneo surgieron los primeros
centros de enseñanza en decoración de interiores, que constituyen los
antecesores de los centros de formación del interiorismo. Para entonces, el
concepto de arquitectura de interiores no existía.
Se creó el Diplomado en Decoración de
Interiores del Instituto Femenino de Educación Superior de la Universidad
Católica (1958 -1970), así como el Diplomado de Arte Decorativo, ambos
dirigidos por Matilde Pérez Palacios, docente vinculada a la política peruana y
preocupada por la situación de la mujer. Mientras que María Teresa Silva Santolalla, decoradora de Interiores con formación en Nueva
York, fundó la Escuela de Decoración Interior de Miraflores (EDIM), en 1961.
Estos centros constituyeron alternativas para cientos de mujeres que buscaban
una profesión en un punto medio entre el arte y la ciencia. Con ello se
permitió acortar el vínculo de la decoración a labores de ama de casa para el
cuidado e higiene del hogar (Navarro, 2017).
A finales del siglo XX se registran 17
universidades, ocho públicas y nueve privadas, con facultades o escuelas de
arquitectura distribuidas en el territorio nacional (Webb
y Fernández Baca). Y pese a darse mayor apertura y demanda en la formación, el
sesgo androcentrista aún era vigente dentro y fuera
de las aulas. El interiorismo, seguía como carrera técnica ligada a la
decoración interior, hasta que en 1983 se creó el Instituto de Comunicación y
Diseño Toulouse Lautrec, que se convirtió en referente de enseñanza de la
decoración y el interiorismo. En 2010, con la fundación de la Universidad de
las Ciencias y Artes de América Latina (UCAL), se elevó su condición a carrera
universitaria e inició la profesionalización de la arquitectura de interiores.
Hacia una visibilidad
en progresión. Tres periodos en la participación.
A lo
largo de un siglo, el desarrollo de la mujer y su participación en la vida
pública se dio de manera progresiva. Todo cuanto aconteció en el contexto
político, social, cultural y económico influyó de alguna manera en la formación
y el ejercicio profesional de la mujer en la arquitectura e interiorismo
peruano. Una aproximación a la periodificación
histórica de su participación en el Perú podría abarcar tres periodos:
a)
Los
orígenes. Las pioneras (1924-1949)
Tuvo
como contexto la búsqueda de la modernización del Estado y la ciudad a partir
de los ideales de los gobernantes de turno. Estos años marcados por el
recrudecimiento del problema de la clase obrera, la habitabilidad y el
saneamiento de los barrios, propiciaron la creación de oficinas de planeamiento
y urbanismo. La Agrupación Espacio
fomentó la incorporación de los principios del Movimiento Moderno en la formación y práctica profesional, tanto en
el interiorismo, como en arquitectura y el urbanismo[5].
Este
periodo se inicia en 1924 con el ingreso a la Escuela Nacional de Ingeniería de
Mary Doris Clark, la primera mujer que estudió arquitectura en un ambiente con
más del 90 por ciento de alumnos varones. Feminista a ultranza, fue la primera
mujer en redactar un artículo para la Revista
Ciudad y Campo y Caminos[6] tal
y como se muestra en la siguiente figura.

Figura 1. Detalle
de la portada, fotografía que comunica del crucero izquierdo a la Sacristía en
piedra tallada dorada en partes del Templo Santiago de Pomata
en la Provincia de Chucuito, por Clark, M. D. & (1930 adaptado de la Revista Ciudad y Campo y Caminos.
Posteriormente,
otras mujeres tuvieron que sobrellevar situaciones derivadas de los
estereotipos de género, al seguir el mismo camino, como:
Clotilde
Mendiola Luna, graduada en 1937, presentó como proyecto de fin de carrera un Casino al borde del mar. Integró,
además, la Directiva que formuló los estatutos de la Sociedad de Arquitectos
del Perú. Las hermanas Angélica[7] y Bertha Zegarra Russo,
egresaron en 1942 y 1946, respectivamente. Hilde Scheuch Hernández, egresada en 1948, firmó la declaración
de la Agrupación Espacio y fue la
primera Decana del Colegio de Arquitectos del Perú (CAP), en 1968.
El
interiorismo ni las escuelas de decoración interior existían. La decoración era
asociada a la naturaleza femenina por el trabajo del detalle, estética y
armonía en los ambientes. Un referente de ello lo constituye Elena Izcue, quien contribuyó con el diseño de una sala para la
celebración del Centenario de la Independencia, en 1921. En cuanto a la
difusión de la presencia de la mujer en la arquitectura, Elvia García y García
publicó La Mujer peruana a través de los siglos (1924), en la cual
presentó reseñas de mujeres desatacadas, entre ellas Doris Clark y Elena Izcue. Años más tarde, la Revista el Arquitecto Peruano
(1937-1977) registró la obra de estudiantes de arquitectura, concursos y
eventos puntuales como la fundación de la Sociedad de Arquitectos, en ella
también se mencionó, en contadas ocasiones, los nombres de Doris Clark,
Clotilde Mendiola y Angélica Zegarra.
b)
El
segundo periodo: Apertura y paridad con límites. Las
funcionarias-planificadoras y la formación en la decoración interior
(1950-1980)
Se
inicia con el retorno al militarismo, caracterizado por la represión y
persecución política que se basó en la práctica de ideales nacionalistas y
pragmáticos. En este periodo en el que se intercalaban regímenes militares con
gobiernos que optaron por el desarrollo de un reformismo civil moderado se
buscó hacer frente a la problemática habitacional ocasionada por el crecimiento
informal y la migración del campo a la ciudad, lo cual conllevó a la
formulación de soluciones a problemas de vivienda por parte de las oficinas
públicas que constituyeron espacio de trabajo para las arquitectas y
urbanistas.
La
apertura de los centros de enseñanza permitió que mayor número de mujeres
estudiara la carrera. Tanto en las aulas como en el ejercicio profesional, las
féminas demostraron tanta capacidad como sus compañeros varones, lo que
permitió mantener una relación de paridad. Sin embargo, tuvieron que afrontar
ciertas limitaciones, ya que el espacio de trabajo asignado a ellas estuvo en
el sector público como planificadoras y urbanistas, pues el trabajo proyectual
y de obra arquitectónica era copado por las oficinas y estudios de arquitectos
reconocidos (Enrique Alegre, comunicación personal, 24 de noviembre de 2019).
A este
grupo de mujeres pertenecen Lidia Gálvez Arévalo y Teresa Chipoco
Malmborg, urbanistas del Sector Público; Elsa Mazzarri, quien destacó en el ámbito de la tecnología, la
construcción, el diseño y combinó su labor entre el sector público y privado,
como se muestra en la siguiente figura.

Figura 2. Maqueta
de trabajo y modulación, fotografía de una propuesta de vivienda, elaborada por
Mazzarri, E. & Olivera Mendoza, D. (2019).
Por su
parte, Elva Vargas Becerra, destacó por la protección al patrimonio edificado.
Lucila Uzátegui Tellería,
desarrolló trabajos de restauración y más adelante se encargó de los Balcones
del Centro Histórico de Lima, en el Programa
Adopte un Balcón. Flor de María Valladolid, por su parte, se orientó al
desarrollo de trabajos de recuperación de espacios urbanos[8].
En los
concursos de arquitectura participaron algunas mujeres en sororidad y también
en colaboración con varones de amplia trayectoria. Bertha Zegarra participó en
el concurso de vivienda con la propuesta La
Casa Barata[9] (1954). Alicia Coloma hizo lo propio
obteniendo el tercer puesto para el Auditorio
Miraflores (1960). Lidia Gálvez, Teresa Chipoco y
Hilde Scheuch, participaron
en el concurso para la Gran Unidad
Escolar de Mujeres Miguel Grau (1965), en el que obtuvieron el quinto
lugar. Elsa Mazzarri fue la única mujer en ganar, en
coautoría, el concurso del Proyecto
Experimental de Vivienda PREVI (1969), otro de
sus proyectos fue el Conjunto
Habitacional La Merced, en Surquillo. Estas arquitectas se mantuvieron
vigentes en el ejercicio profesional y cumplieron cargos importantes en la
dirección, gestión y planificación del urbanismo y el territorio.
Con la
creación de las primeras escuelas de enseñanza de decoración de interiores y
las condiciones para el ingreso de tiendas por departamentos (Hogar), se
acercó a la población una actividad que nació elitista. Representantes de las
primeras escuelas de decoración de interiores son Kika Susti
(Enrica Devoto) como se muestra en la figura
siguiente.

Figura 3. Esquemas
de propuesta de ambientación y mobiliario de Kika Susti.,
elaborada por Olivera Mendoza, D. (2019).
Quien
obtuvo el premio Who is
Who in Interior Design
(1991) y Rosa Salazar Mujica, quien destacó por el diseño de espacios
interiores, en los cuales los muebles constituyen elementos enriquecedores y
definitorios del espacio, como se observa en la próxima figura.

Figura 4. Mesas esquineras en madera diseñadas por Salazar
Mujica, R. (2018).
Para
entonces, el trabajo del interiorismo y la decoración eran desarrollados en las
oficinas de algunos arquitectos reconocidos o en tiendas de decoración (El
Arquitecto Peruano, 1964), la labor de la mujer en el interiorismo aún no era
valorada y las decoradoras debían hacer frente a la discriminación por parte de
las mismas arquitectas, para quienes dedicarse a dicha actividad significaba
ubicarse en un estatus inferior.
c) El tercer periodo: El boom-La diversidad,
crecimiento y éxodo (1981-2000)
Con el
retorno a la democracia luego de años de gobierno militar, se esperaba alcanzar
una situación de progreso y desarrollo inclusivo y equitativo. Estos deseos
quedaron truncos por la aparición de focos de violencia que derivaron en estado
de emergencia constante. La hiperinflación agudizó los problemas de la economía
nacional, la cual afectó al sector construcción y la inversión en proyectos de
arquitectura e interiorismo.
El
número de mujeres en las aulas en relación al de varones se volvió casi
equitativo. Las antiguas escuelas de decoración de interiores fueron
reemplazadas por otras nuevas. Se dio un boom en cuanto a la presencia
de mujeres en los centros de enseñanza y en el ejercicio profesional, pero la
realidad presentó ciertas limitaciones. Aunque algunas tuvieron que
reinventarse y ser creativas para generar trabajo, otras se vieron obligadas a
viajar a Europa o Norteamérica en busca de mejoras laborales o emprender
estudios de especialización, mientras duraba el periodo de recesión (María
Claudia Guerrero, comunicación personal, 4 de diciembre de 2019).
El CAP
continuó verificando la calidad de los proyectos presentados en concursos
arquitectónicos. Surgieron más nombres de mujeres premiadas en coautoría:
Teresa Deustua Carvallo (1983), por su proyecto del Conjunto Habitacional Palomino; Marcela
Villa Luna (1985), por Ideas para el área
del Centro de la Ciudad. Eje
de la Estación de Desamparados-plazuela de Santa Clara; Flor de María
Valladolid (1985), por su propuesta para El
tratamiento urbano arquitectónico para la Prolongación Tacna; y Augusta Estremadoyro (1994), por el Proyecto para la Biblioteca Nacional del Perú.
Pese a
la erradicación de los concursos públicos[10] (1997) y las dificultades presentadas por
la época, los 90’ fue la década de mayor reconocimiento de la producción
arquitectónica. Surgieron exposiciones y premios como Las Bienales de Arquitectura Peruana y Concursos de Calidad Arquitectónica, que presentaron en el gremio
la labor realizada por las arquitectas. Esto les abrió puertas para obtener
futuras distinciones en el Perú y en el extranjero.
Por su
parte, Laurinda Hope Spear,
fue premiada por el diseño del Banco de Crédito del Perú, y se convirtió en la
primera mujer en recibir el Hexágono de Oro (1988). Asimismo, María
Claudia Guerrero, fue convocada para integrar el Anuario de Arquitectura
Peruana (1997) y recibió un premio por la Casa SPA en la Bienal de Miami +
Beach (2009) (Figura 5).

Figura
5.
La Casa Spa diseñada por María Claudia Guerrero, M. (2009).
También,
Cinthya Watmough, destacó por su propuesta de una
vivienda de playa (2000). Dos años más tarde (2002), Rossana Correa recibió el
premio por un Hospedaje rural en Lambayeque. En 2004, Ruth Alvarado, es
premiada por la Nueva Sede de la Organización Internacional del Trabajo, quien
años antes publicó La Vocación de una Ciudad (1998). Ana Elisa Berenguel, asimismo, fue reconocida por la remodelación del
Patio de Ciencias de la Casona de San Marcos (2005) y Cynthia Seinfeld por su planteamiento de vivienda unifamiliar
(2002). Aquí se consideran también a arquitectas premiadas años posteriores por
haberse formado académicamente y haber iniciado su ejercicio profesional
durante este periodo.
A
todas ellas se suman Alexia León Angell, a quien su
proyecto de la Casa Mori en Playa Bonita le abrió las
puertas para recibir reconocimientos en el extranjero. Por su parte, Sandra Barclay, representa al grupo de arquitectas que viajó a
complementar sus estudios fuera del país (Francia), y su tesis recibió un
premio por la Academia de Arquitectura de Francia. Asimismo, fue premiada en la
Bienal Iberoamericana de Arquitectura (2004) por el diseño de la Casa X.
A la
par, se llevó a cabo CASACOR Perú,
desde 1996, como punto de encuentro entre arquitectos, interioristas y artistas
plásticos para mostrar el manejo del diseño, decoración y recuperación de
espacios monumentales. Destacan las figuras de Fiorella Milla-León, arquitecta
especializada en el rubro de espacios comerciales y Mari Cooper, diseñadora que
representó al país en exposiciones en Brasil y Panamá.
En
cuanto a publicaciones, en la Enciclopedia Biográfica e Histórica del Perú-Milla
Batres (1994)[11], el 0.68% de reseñas corresponden a
arquitectas–urbanistas extranjeras y solo a una artista plástica-decoradora de
interiores, pese a que ya se había considerado a Doris Clark en Who is Who in Latin America:
Part IV, Bolivia, Chile and Peru
(1947).
Los
últimos años se publicaron reseñas y fotografías de la obra de arquitectas en
revistas especializadas, las cuales recibieron en algunos casos elogios y
palabras de reconocimiento. Sin embargo, es poco lo desarrollado en cuanto a
análisis de la producción del género femenino. En este caso, destaca un texto
que trata con respeto y realismo la obra de una arquitecta y es el primer
documento que coloca la producción de la mujer a la par que la de los varones
arquitectos. Se trata de la crítica arquitectónica que Wiley
Ludeña (2008) ensaya sobre la obra de Alexia León.
CONCLUSIÓN
Durante
76 años de formación y ejercicio profesional, la participación de las mujeres
en la arquitectura e interiorismo en el Perú ha pasado casi desapercibida para
la historiografía de la arquitectura, esto por la ideología androcentrista
imperante en el periodo de estudio, en el cual debieron enfrentar procesos de
omisión que evitaron constituir referentes de género, o porque se agruparon
entre ellas o con miembros representativos del sexo opuesto, para acomodarse y
adaptarse al espacio que el contexto les asignó.
La
creación de nuevos centros de enseñanza facilitó el acceso de la mujer a una
profesión inicialmente de varones y culminó el siglo con equidad en las aulas.
A la disminución a la que era sometida y asociada por su naturaleza, se suma la
discriminación hacia la actividad que sobrellevaron las diseñadoras de
interiores. Mientras que en la arquitectura la mujer adquirió participación
desde las primeras décadas del siglo XX, el caso del interiorismo fue tardío,
ya que el vínculo con lo doméstico constituyó un fuerte estigma.
A
diferencia de otros países como Argentina, en el que se reclamó la presencia de
la mujer en la arquitectura desde inicios del siglo XX, en el Perú hubo un
silencio recurrente con algunos atisbos de reivindicación que corresponden
principalmente a menciones o registros descriptivos. Desde este periodo no se
han encontrado estudios sobre la obra de las mujeres. Sin embargo, todo lo
desarrollado se ha llevado a cabo durante el siglo XXI y está enfocado
principalmente a la obra de la arquitecta pionera Mary Doris Clark. En cuanto
al interiorismo no se ha encontrado un registro sistematizado desde la
academia, aún en el siglo XXI, como profesión se encuentra silente.
Los
concursos públicos, exposiciones y premiaciones fueron ventanas de difusión de
la labor de la mujer, quienes desarrollaron trabajos en todos los campos que la
profesión por norma ampara. Si bien hubo, desde la historiografía del siglo XX,
invisibilidad constante de la mujer, esta buscó un espacio para mostrar su trabajo
en los tres periodos marcados en la historia de la mujer en la arquitectura e
interiorismo.
El
siglo XX cierra con un promedio de 1900 arquitectas colegiadas, que para la
fecha representó la tercera parte del gremio, que por cierto se hallaba en
mayor concentración en Lima. En cuanto a las interioristas, se desconoce el
registro total, pues no existe un espacio gremial que las agrupe.
La
dificultad de reconocimiento a la labor de las mujeres del siglo XX por falta
de difusión de sus obras y pensamiento ha sido revertida en el siglo XXI por
las facilidades de las redes y medios virtuales de difusión. Es más sencillo
buscar y encontrar información sobre las arquitectas del último periodo, sobre
todo de aquellas arquitectas e interioristas premiadas que constituyen el grupo
que ha posicionado a la mujer en la profesión y ha facilitado el camino para
las nuevas generaciones.
El
campo de la historiografía de la mujer en la arquitectura peruana al estar casi
inexplorado permite un abanico de posibilidades para completar la historia de
la arquitectura desde la mirada crítica de sus obras, evitando caer en
recuentos descriptivos para identificar los aportes generados. Lo mismo sucede
para el caso del interiorismo, que requiere no solo una mirada desde el género,
sino de modo integral, ya que su reconocimiento es reciente pese a presentar
antecedentes del pasado desde la decoración y el diseño interior. Al tratarse
de un campo casi inexplorado, esta investigación abre el camino para futuros
trabajos e indagaciones sobre la contribución de la mujer y el reconocimiento
de la labor de arquitectas e interioristas en los distintos campos de la
profesión, así como en la difusión de personajes de la arquitectura del siglo
XX que pueden constituir referentes para las nuevas y futuras generaciones.
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Cuánto.
[1] Profesora de Universidad
de Ciencias y Artes de América Latina, Perú
[2] Profesora de
Universidad de Ciencias y Artes de América Latina, Perú
[3] El artículo es
resultado de una investigación llevada a cabo para el Centro de Investigación
de la Creatividad (UCAL): Arquitectura y Género, la participación de la mujer
en la arquitectura e interiorismo en el Perú, durante el 2019.
[4] El ejercicio
profesional del arquitecto se desarrolla en el marco de lo autorizado por el
Reglamento del Campo Profesional del Arquitecto (RCPA), sustentado en los
estatutos del Colegio Profesional de Arquitectos del Perú (CAP) y la Ley N°
28966, Ley que complementa el marco legal vigente (al 2020) referido al
ejercicio profesional del Arquitecto.
[5] A ello se suma otro factor que interviene en las discusiones sobre arquitectura y la formación de los arquitectos fue el VI Congreso Panamericano de Arquitectura (1947), el valioso aporte de la Revista El Arquitecto Peruano (1937) que constituyó referente de tendencias y debate teórico del acontecer arquitectónico a nivel nacional e internacional.
[6] Mary
Doris Clark escribió el artículo El Templo Santiago de Pomata
en la Provincia de Chucuito al borde del lago
legendario publicado en 1930 el Año VII, núm. 7 de la Revista Ciudad y Campo y
Caminos, p. 26-39. En este artículo se publican imágenes que hacen ver su
afinidad por el detalle en la fotografía. Este texto fue traducido y publicado
en Boletín de la Unión Panamericana en Montevideo en 1940.
[7] Años más
tarde estudió decoración de interiores en México y elaboró junto a su hermana
proyectos para la comunidad de la urbanización Salamanca en Lima.
[8] En los dos periodos de gobierno del Alcalde de Lima Jorge Castañeda Lossio (2003-2010 y 2015-2019) se desempeñó como Gerenta del Programa de Recuperación del Centro Histórico de Lima (Prolima), Presidenta del IMP, Presidenta del directorio de EMILIMA, del Instituto Catastral de Lima (ICL) y Gerenta de Desarrollo Urbano del Municipio de Lima.
[9] La propuesta
fue publicada en EL ARQUITECTO PERUANO, julio-agosto, 1954.
[10] Con el Gobierno
de Alberto Fujimori, se promulgó la Ley de Contratación y de Adquisiciones del
Estado en 1997, otorgando el trabajo de las obras públicas por licitaciones al
mejor postor. Esto no aseguraba la calidad de los productos arquitectónicos, ya
que se buscaban respuestas que generaran bajos costos.
[11] Registra a
peruanos y extranjeros que han aportado para el desarrollo del país a lo largo
de la historia.