Fecha de presentación: septiembre, 2020 Fecha de aceptación:
noviembre, 2020 Fecha de publicación: enero, 2021
Arquitectura y género. La producción intelectual de la
mujer en revistas académicas peruanas de arquitectura. Lima, 1980-2000
Architecture
and gender. Women’s intellectual production in the peruvian academic journals
of architecture. Lima,
1980-2000
Mag.
Doraliza Olivera Mendoza[1]
ORCID:
http://orcid.org/0000-0003-3341-5328
Dra.
María del Carmen Llontop Castillo[2]
ORCID:
http://orcid.org/0000-0003-4110-3025
Cita sugerida (APA, sexta edición)
Olivera
Mendoza, D. & Llontop
Castillo, M. C. (2021). La
producción intelectual de la mujer en revistas académicas peruanas de
arquitectura. Lima, 1980-2000. Revista Mapa, 8(22), 125- 150. Recuperado
de http://revistamapa.org/index,php/es
RESUMEN
Palabras clave: arquitectura, género, revistas académicas
ABSTRACT
In
the 20th century, women, as architects, participated in the development of the
profession individually and in association with male colleagues. However, the
historiography of Peruvian architecture makes their work invisible by greatly
registering the architectural production of men due to gender issues. The study
aims to characterize the intellectual production of women in the Peruvian
academic magazines of architecture in Lima between 1980 and 2000, since the
periodical publications were women's work spaces for the dissemination of
knowledge and the formation of public opinion. The research methodology
followed a qualitative research approach, through the systematization of the
titles published in academic journals, as well as the application of in-depth
interviews to contextualize the time. The results confirm that the themes
presented responded to diverse themes, however, the commitment of women to the
national reality and the architectural problem are essentially highlighted.
Although at the time analyzed, the intellectual production of women was
affected by the context and gender issues, a significant increase in this
production is evidenced towards the end of the 20th century, which confirms the
potentialities of women in the scientific contribution to architecture.
INTRODUCCIÓN
La
mujer ha participado de manera activa en la profesión de la arquitectura
desempeñando su trabajo en las distintas áreas de la disciplina. Sin embargo,
la historiografía de la arquitectura peruana, que aún está en construcción,
difícilmente la incorpora como parte de los actores que han aportado en la
construcción de la ciudad. Indagar sobre su producción requiere una aproximación
desde condiciones de género, el cual resulta de los roles socialmente asignados
al hombre y la mujer asociados a su propia naturaleza (Scott, 2008).
La
acción humana es resultado de la interacción social producto de una construcción cultural enmarcada en
bases históricas, temporales y espaciales que condicionan la forma de pensar,
actuar y relacionarse con el otro (<biblio>), así como de la autoaceptación
de condiciones asignadas a cada uno en sociedad. En sociedades latinoamericanas
como la peruana la relación hombre-mujer es resultado del dominio, opresión y
poder ejercido en el contexto de una sociedad patriarcal que le asigna a la
mujer una condición de inferioridad bajo la figura masculina (Olivera y
Llontop, 2020) que es aceptada por beneficios adquiridos en cuanto a estatus
social, económico y seguridad. Con lo cual se ejerce un control social
permitido de parte de los hombres sobre sus hijas y esposas por el sentido de
autoridad que se va a dar tanto en el espacio familiar como en instituciones
públicas, así como en distintas formas de relaciones de poder, de producción y
reproducción. (Mc Dowell, 1999)
A lo
largo del siglo XX la ideología androcentrista, alimentada por la sociedad
patriarcal ha mantenido su vigencia. Con el androcentrismo la consideración de
lo masculino y la experiencia del hombre es considerada como verdad absoluta y
la medida de las cosas, por tanto, lo único plausible a ser conocido, recordado
y registrado por la historia. Esto fomenta el anonimato y la invisibilidad de
la experiencia femenina como coparticipe de acontecimientos socio culturales y
políticos (Olivera y Llontop, 2020; González, 2013). Esto provoca historias
fragmentadas en las que no se reconoce la labor de la mujer, a lo que se suman
exclusiones por estereotipo, misoginia y la propia sumisión de la mujer por
autoconvencerse de su minusvalía y debilidad.
En el
siglo XX, la ideología androcentrista practicada en las sociedades patriarcales
se mantiene vigente, con ello la consideración de lo masculino como verdad
absoluta, digno de ser registrado en las páginas de la historia fomenta el
anonimato y la invisibilidad de la mujer como coautora de acontecimientos
socio-culturales y políticos (Olivera y Llontop, 2020). Con las luchas
feministas el ascenso a la esfera pública por parte de la mujer se hizo posible
a través del acceso a la educación y el sufragio universal, con ello se pudo romper
la asociación exclusiva de la mujer al mundo interior y doméstico. La mujer
tuvo acceso a la vida pública, a producir conocimiento y a evidenciarlo en los
medios de comunicación. Hannah Arendt señala que es a través de la acción que
el ser humano produce un discurso, al mostrarlo a la sociedad se da a conocer y
asegura su vigencia en la esfera pública que deviene en lugar de libertad,
memoria colectiva y acción (Toro, 2008).
Aunque
las prácticas humanas se desarrollan desde la voluntad individual, como parte
del habitus no se desligan del pasado
ni de las formas tradicionales de la relación entre los miembros de la sociedad.
(Bourdieu, 2007). Uno de los espacios que permiten el reconocimiento y
participación en la vida pública son las publicaciones periódicas, pero no
están exentas del dominio tradicional de las prácticas androcentristas y el
dominio patriarcal.
Las publicaciones
periódicas en tanto medios de comunicación escrita constituyen espacios de
difusión y registro tangible de la producción cultural, promueven la opinión
pública y facilitan la visibilidad y reconocimiento de los autores ante la
sociedad. Como tal, es soporte para la construcción de la memoria que se da de
manera individual y colectiva, a partir del recuerdo de lo vivido, de hechos o
acontecimientos representativos que despiertan un sentido de identidad en
diferentes ámbitos jerárquicos, individual, local, regional, nacional (Dorado y
Hernández, 2015). Para asegurar la continuidad de la memoria a las generaciones
futuras, se requiere de elementos que permitan esta transmisión entre los
cuales figuran la voz, libros, música o imágenes (Adriano y Juvenal, 2013),
entre los que se encuentran las revistas académicas.
Una revista
científica es aquella elegida por investigadores para publicar artículos
originales de su investigación y el desarrollo de algún campo científico
(Mendoza y Paravic, 2006), su publicación es periódica y seriada. Mientras que
las revistas académicas están dirigidas a un público especializado, pues tratan
temas específicos. (Mendoza y Paravic, 2006). Existen revistas académicas
editadas por instituciones educativas, tal es el caso de las universidades. En
la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura, se considera como parte de la estadística
relativa a la edición de revistas periódicas académicas y científicas a las publicaciones
periódicas de universidades, de centros de investigación, sociedades eruditas
de la ciencia y la cultura (UNESCO, 1964), lo cual se mantiene vigente hasta la
actualidad.
Los
centros de educación universitaria tienen como finalidad promover y registrar
la producción intelectual en publicaciones periódicas con documentos elaborados
por diferentes autores. Las revistas académicas hacen visible la generación del
conocimiento que es tarea fundamental de los centros universitarios. Con el
desarrollo de la imprenta se hace viable la diseminación de conocimiento, este
se hace público y trasciende el ámbito familiar o de élite, lo que permite que
los contenidos lleguen a un público mayoritario e inclusive traspasan el ámbito
de las casas del saber. (Gangas, Paredes y Pedrajas-Rejas, 2015)
El rol
de las revistas académicas ha evolucionado. De compartir saberes en su etapa
inicial, ha pasado a ser un instrumento importante para evidenciar la
contribución de los académicos en beneficio de la comunidad en cuanto a
formulación de soluciones para problemáticas reales a nivel local y mundial
(Gangas, Paredes y Pedrajas-Rejas, 2015). A la tarea de formación profesional
de las universidades se suma la de investigación, generación de conocimiento y
vínculo con el entorno, siendo obligación de aquellas que desarrollan
investigación la tarea de publicar sus resultados y generar intercambio de
conocimientos (Miyahira, 2017). A diferencia de la actualidad, en la que la
producción académica está siendo controlada por la calidad de su producción
intelectual por indicadores e indexamientos, durante el siglo XX, sobre todo en
el contexto peruano, esto no era materia central de preocupación, el interés se
centraba en difundir y compartir conocimiento.
Las
revistas académicas contribuyen a la difusión del conocimiento y a forjar la
opinión pública (Rubio, 2009). Se trata de un fenómeno producto de la
comunicación que tiene inherencia en la conducta humana y puede influir
fuertemente en las decisiones y formación de ideas de temas que son poco
tratados o desconocidos por la sociedad. La opinión pública se ve afectada por
el contexto de la época, la sociedad y los intereses políticos del momento
(Rubio, 2009) y se construye en la esfera del espacio público. Los medios de
información de los cuales forman parte las revistas académicas constituyen
ventanas de aproximación a temas diversos y constituyen la primera imagen que
obtiene el individuo de la realidad expresada, deviene en registro de memoria
de acontecimientos históricos y del pensamiento y discursos de la época, de los
cuales han participado las mujeres.
La
profesión de la arquitectura es reconocida como una práctica profesional
patriarcal y como producto cultural se ve influenciado por prácticas
androcentristas en las que el diseño, la formación académica y la teoría han
sido desarrolladas desde las necesidades de los varones. La historiografía y
crítica arquitectónica reconocen a la figura de los grandes maestros y sus
obras, como los star-system de la arquitectura y generan mecanismos de
exclusión de las mujeres lo que evita su reconocimiento (Novas, 2014). Visibilizar
la labor de la mujer en la arquitectura resulta importante para la construcción
de una historiografía completa de la arquitectura, pues su participación ha
sido constante en la producción arquitectónica y urbanística, ha sentado las
bases para el desarrollo del interiorismo y la formación de la carrera de
interiorismo en el Perú.
Para la
comprensión de la arquitectura y la producción de los arquitectos en el Perú
existen estudios que han tomado en cuenta a las revistas especializadas como
fuente de información y consulta y como objeto de estudio. Zapata (1995) en “El
joven Belaúnde. Historia de la Revista El Arquitecto Peruano” a partir de un
análisis de los temas urbanos impartidos en la revista construye una historia
de la Lima del siglo XX. Benavides (2015) en su tesis doctoral “La Revista El
Arquitecto Peruano. Reseña de la cultura arquitectónica del Perú 1937/1977”,
toma también a la Revista El Arquitecto Peruano (EAP) y a partir de un análisis
formal y de su estructura plantea una periodificación de la arquitectura
peruana basada en la temática impartida en la revista. Por su parte Atoche-Intilli
(2016) en su artículo “La revista El Arquitecto Peruano y el rol de la
fotografía en la conformación del discurso contemporáneo latinoamericano” hace
un análisis de las imágenes presentadas sobre las obras de uno de los
arquitectos reconocidos del movimiento moderno Enrique Seoane, a partir de las
cuales se reconoce el interés de la época por generar una cultura nacional.
Delgado (2008) en su artículo “Escritos sobre ciudad y arquitectura en la
Revista Ciudad y Campo y Caminos 1924-1930” a partir del análisis documental
rescata el valor de la revista como fuente para el estudio de la arquitectura y
urbanismo en cuanto a su preocupación por alcanzar la modernización de la
profesión.
Por
otro lado, uno de los pocos estudios que toma como base a las revistas
especializadas de arquitectura y urbanismo es el artículo de Huapaya (2017)
“Arquitectas sudamericanas: hacia una historia desconocida de una arquitectura
y urbanismo modernos, 1929-1960” se sustenta en el registro de las menciones de
las arquitectas para identificar a las protagonistas de la arquitectura
latinoamericana. Para el caso peruano toma como fuente a EAP, da cuenta del
escaso registro de mujeres en relación a la autoría masculina y sostiene que
esto podría deberse a las dificultades que podían tener para acceder a los
editores y la lucha constante que por cuestiones de género debían afrontar por
lograr un reconocimiento. Por ello, el artículo presenta resultados de la
investigación llevada a cabo sobre la caracterización de la producción intelectual
de la mujer en las revistas académicas de arquitectura en Lima durante el
periodo de 1980 al 2000, a partir de la contextualización de los temas
abordados, con lo que se pone en evidencia el nombre de arquitectas que han
destacado en el ámbito académico.
Para
el cumplimiento del objetivo, se llevó a cabo una investigación de enfoque
cualitativo, el principal método desplegado fue el análisis documental, cuya actividad
interpretativa se apoyó de la dimensión hermenéutica de la competencia
epistémica (Deroncele, 2020a), desde una perspectiva sociocrítica e
interpretativa como paradigmas de investigación científica interconectados (Deroncele,
2020b). El espacio temporal considerado para el estudio corresponde al periodo
de 1980 al 2000 y se tomaron como unidad de análisis las revistas académicas peruanas
de arquitectura, considerándose como criterios de inclusión que fueran
publicadas por editoriales universitarias de Lima entre los años estudiados y
que se encuentren registradas en los repositorios accesibles en la web. Se
consultaron las bases de datos de la sección de Hemeroteca de la Biblioteca
Nacional del Perú, de la Biblioteca del Colegio de Arquitectos Regional Lima,
de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Artes de la Universidad Nacional de
Ingeniería (UNI) y la de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la
Universidad Ricardo Palma (URP).
Se
estudiaron las tres revistas académicas que fueron publicadas en Lima en el
periodo de estudio: La Revista Arquitextos de la URP y las revistas H.U.A.C.A y
CON/TEXTOS de la UNI. Las categorías de estudio corresponden a cuestiones de
género, contexto de la época de estudio y la producción intelectual de la mujer,
expresadas en los títulos de los artículos publicados en las revistas académicas
de arquitectura. A través de fichas de registro se consignaron los títulos de
las publicaciones de las mujeres bajo la condición de autorías o coautorías de
los documentos, el estudio se apoyó en entrevistas en profundidad a autoras y
profesionales vinculados a la producción de revistas académicas durante el
periodo de estudio para conocer la problemática de género y, situación
contextual bajo las cuales se llevaron a cabo las publicaciones. Para el
procesamiento de datos se aplicaron técnicas cualitativas de sistematización de
la información.
DESARROLLO
En las
últimas décadas del siglo XX, el Perú, fue escenario de una constante tensión
política y social. Tras 12 años de gobierno militar (1968-1980) el retorno a la
democracia se hizo posible entre turbulencias. El Gobierno Revolucionario de
las Fuerzas Armadas encarnó un proyecto autoritario de modernización del país
dirigido desde el gobierno central con la finalidad de concretar las promesas
que los partidos políticos por años habían ofrecido sin cumplir y evitar los
sonados levantamientos sociales que llevarían al país a una inestabilidad
política (Contreras y Cueto, 2013). Para tal efecto llevaron a cabo una serie
de reformas internas para integrar a la población considerándolas recurso
básico para el desarrollo, reducir la desigualdad económica a través de una
distribución equitativa de los ingresos y reducir la vulnerabilidad de la
economía a nivel internacional. Se fomentó la organización de cooperativas y
gremios e implementaron la reforma agraria promovieron acciones para la mejora
de la salud física y mental, se dio asistencia social a la población, así como
optó por fortalecer el sentido del nacionalismo a través de una transformación
del sistema educativo (Hilhorst, 1979).
En el
ámbito económico se buscó el desarrollo y la productividad del país. Para
contrarrestar una economía basada en la exportación de materia prima, escaso
desarrollo industrial y alta importación de productos, se fomentó la producción
nacional. Había la seguridad de que la violencia interna que asomaba producto
del descontento de la mayoría poblacional por la los desequilibrios sociales,
podría mermarse si se dejaba de lado la inclinación por el desarrollo
capitalista en beneficio de un grupo oligárquico (Hilhorst, 1979). La política
de estatización alcanzó al sector construcción, se añadió al control de las
empresas del acero la de cemento. La arquitectura institucional, bajo la
corriente brutalista aplicada en los edificios emblemáticos, dejó huella de la presencia
y poder del estado. Su ubicación estratégica a lo largo de los ejes de
expansión de la ciudad de Lima, permitieron marcar la representación del estado
en la periferia urbana (Vadillo, 2018).
El
Ministerio de Fomento y Obras Públicas fue disuelto y dio lugar a distintos
ministerios entre los cuales figuran el de Vivienda y Construcción, se
incrementó la oferta laboral desde el sector público, lo que fomentó la
burocracia institucional haciendo engorrosos los procedimientos administrativos.
Por otro lado, la migración del campo a la ciudad generó el crecimiento de
asentamientos humanos en la periferia urbana y se presentaron problemas con la
inversión privada, la cual tendió a disminuir.
Pese a
ello el país se mantuvo en crisis económico financiera, a esto se suma las
pésimas condiciones laborales que impulsó un paro nacional de trabajadores en
busca de la reivindicación de sueldos ante el alto costo de vida. Se exigió
poner fin al gobierno revolucionario de las Fuerzas Armadas instalándose una
Asamblea Constituyente en 1978 encargada de formular una nueva constitución en
1979 en pro del retorno a la democracia. Se llamaron a nuevas elecciones,
quedando como ganador Fernando Belaúnde Terry, quien por segunda vez se sentó
en el sillón presidencial. Su periodo duró de 1980 a 1984. Belaúnde desarrolló
una política de gobierno basada en el semi liberalismo y la ortodoxia (Heredia,
2003), como respuesta surgieron movimientos políticos de lucha contra la
oligarquía que imposibilitaba la formación de partidos políticos que
representaran a la colectividad. Lo que conllevó a momentos de tensión política
e inseguridad social y urbana.
Según
Heredia (2003) a fines de ochenta junto a la problemática de seguridad nacional
por la violencia política, se enfrentó una crisis económica y problemas de partidos
políticos que dificultan la gobernabilidad del país que terminó por
deslegitimar el sistema político promovido en la constitución de 1979. Si bien,
los años ochenta se caracterizaron por la búsqueda de una democracia social con
carácter colectivo, esta etapa estuvo marcada por la presencia de movimientos
sociales, se agravaron las condiciones de vida, no se pudo hacer frente a la
inflación y recesión, se presentaron alternativas de apaciguamiento a través de
la voluntad de integración y reducción de acciones violentas. Los grandes
partidos políticos se desgastaron y perdieron fortaleza mientras que en la
década de los noventa surgieron figuras individuales como líderes
independientes que constituirán los nuevos líderes políticos del siglo XX (Tanaka,
1995). Este periodo se caracterizó por una fragmentación y división del sector
social y la política nacional.
Con
las elecciones de 1985 la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) llega
al poder con Alan García Pérez a la presidencia, su lema principal fue la
imaginación al poder. La primera etapa de su gobierno aplicó una política
económica heterodoxa que permitió la reducción de la inflación, se logró el
incremento del producto bruto interno, hubo un incremento salarial que fomentó
el aceleramiento del consumismo, se congeló el tipo de cambio monetario y el
déficit fiscal aumentó. Ante la reducción del pago de la deuda externa el Perú
dejó de ser sujeto de crédito internacional y las obras que estarían
sustentadas por los préstamos del Banco Mundial y el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) no se llevaron a cabo. A esto se suma el anuncio de la
estatización de la Banca, que mereció el rechazo de los partidos y líderes de
derecha. Se llegó a un estado de hiperinflación, la moneda, el Inti en
reemplazo del sol, se devaluó, los créditos de consumo desaparecieron, la
actividad comercial se redujo, esto afectó al sector inmobiliario y la
construcción. Con ello se agudizó la pobreza, se amplió la recesión y los
servicios del estado colapsaron (Contreras y Cueto, 2013).
Tras
el descontento, la violencia política recrudeció inmiscuyéndose en
instituciones políticas y laborales del estado. Entre las universidades del
estado comprometidas estuvieron la UNI y la Universidad Federico Villareal en
las que se formaron arquitectos. Esta situación fue favorable para el
surgimiento de universidades privadas las cuales fueron alternativas para los
jóvenes que querían sin pérdida de tiempo seguir una carrera universitaria y
hacerse de una profesión. Las escuelas estatales veían interrumpidas sus clases
y a nivel urbano las condiciones del espacio público y sus características
físicas se veían amenazadas por problemas de orden y seguridad interna.
El
retorno a la democracia permitió que los gobiernos locales civiles iniciaran
acciones para la recuperación del Centro Histórico de Lima, impulsando campañas
para la puesta en valor de los balcones limeños y la salvaguarda del patrimonio
del Cusco, ya que se declaró Machu Picchu como patrimonio de la humanidad.
Contreras
y Cueto (2013) sostienen que para 1989 el Perú se encontraba en una situación
calamitosa enfrentándose a cuatro situaciones que la socavan: Terrorismo, inflación,
narcotráfico y pobreza extrema. Pease y Romero (2014) señalaron que la
fortaleza de los movimientos populares en búsqueda de la modernización del país
quedó truncada años más tarde por la descomposición social y la lógica de la
fragmentación que más adelante permitirían el ascenso al poder de figuras
individuales como Alberto Fujimori con quien se destruyó el tejido social, se
paralizó la democratización y se instauró otra forma de autoritarismo.
El
gobierno de Alberto Fujimori Fujimori (1990-2000) fue posible por la
desconfianza sembrada al sector popular por las alianzas generadas entre nuevos
líderes como Mario Vargas Llosa y partidos conservadores (Contreras y Cueto,
2013). Una de las primeras medidas tomadas fue la de controlar la
hiperinflación mediante una medida de choque (fujishock) para controlar los
precios de productos básicos de consumo. Se buscó eliminar los subsidios del
estado y equilibrar los precios en relación al mercado mundial y fomentar la
importación. Fujimori alineó su política económica a la estructura del Consenso
de Washington concertada para los países latinoamericanos con problemas de
deuda externa (Contreras y Cueto, 2013). Su gobierno se sustentó en el
desarrollo de una política neoliberal con la cual el estado dejó de inmiscuirse
en temas sociales, económicos y educativos. El impasse entre el poder ejecutivo
y legislativo llevó al primero a cerrar el Congreso de la República y plantear
una nueva constitución (1993).
Según
Contreras y Cueto (2013) durante este periodo de gobierno se congelaron los
salarios, se suprimieron los derechos laborales, se inició un proceso de
privatización de servicios y empresas públicas, se incentivó la recaudación
tributaria, se cambió la moneda a nuevo sol, con lo que se recuperó la
estabilidad monetaria. Junto a la estabilidad económica y control tributario se
fomentó el retorno de la inversión privada. En 1992 se controlaron las acciones
subversivas y retornó la tranquilidad al país. Este primer periodo de gobierno
de Fujimori se va a caracterizar por el control de la inflación y la violencia
política, lo que motivó el crecimiento económico del país. Surgieron nuevos
negocios ya que el sector privado invirtió en centros comerciales y otros
rubros que hicieron que la dinámica edificatoria se incremente.
Habiéndose
declarado el Centro Histórico de Lima como patrimonio de la humanidad en 1991
por la UNESCO, se llevaron a cabo acciones para su recuperación con apoyo
internacional. Se inició en 1994 un Programa Municipal para la Recuperación del
Centro Histórico de Lima. La proliferación de instituciones de planificación
urbana y del Instituto Nacional de Cultura (INC), abrió espacio para el trabajo
institucional y permitió que arquitectas con interés por el urbanismo y por el
patrimonio edificado desempeñarán cargos públicos.
Desde
el gobierno central el éxito alcanzado por Fujimori lo llevó a que sea elegido
nuevamente como presidente del Perú (1995-2000), sin embargo, este periodo
estuvo lleno de corrupción, la economía volvió a desestabilizarse, el fenómeno
natural del niño causó serios daños a la economía y ambiente de las ciudades
(Contreras y Cueto, 2013). Las obras realizadas como colegios, caminos,
carreteras, tuvieron un fin populista, en el que el mandatario trató de fijar
la aceptación de la población para continuar a la cabeza del gobierno. En el
2000 tras verse involucrado en actos de corrupción, abuso y malos manejos del
gobierno (Quiroz, 2013), Fujimori fue destituido por incapacidad moral (García,
2013).
Desde
el gobierno local la figura de Alberto Andrade Carmona, alcalde de Lima entre
1996 al 2000, contribuyó en la recuperación del Centro Histórico de Lima
impulsando el rescate de la tradición y valores culturales de la edilicia
limeña que había sido opacada por los procesos migratorios y el comercio
ambulatorio que se posicionaron en las calles de Lima. Andrade aplicó una
campaña Volver al Centro con la que se propuso poner en mesa de debate al
Centro de Lima a través de la recuperación del ambiente urbano monumental
teniendo como protagonistas a los espacios públicos y los balcones limeños. En
este trabajo de generación de una nueva imagen del centro trabajaron
arquitectas en los diferentes programas involucrados.
Se
debe destacar que este periodo de estudio corresponde al llamado tercer
periodo: Boom-La diversidad, crecimiento y éxodo en relación a la participación
de la mujer en la arquitectura e interiorismo en el Perú (Olivera y LLontop,
2020). El contexto ya descrito de hiperinflación, inestabilidad política y
social, sumado a un estado de emergencia constante por violencia política
afectaron la economía y con ello al sector construcción con lo que la inversión
en proyectos arquitectónicos se vio mermada. Las escuelas de arquitectura
incrementaron el número de sus estudiantes mujeres volviéndose un espacio más
equitativo. Se permitió el boom en la formación de mujeres en la arquitectura y
en el desarrollo de la profesión, que en la práctica fue limitado por las
condiciones contextuales. Algunas arquitectas trabajaron en el sector público
como funcionarias, aquellas dedicadas a la labor proyectual tuvieron que
reinventarse y agruparse con otros arquitectos y algunas optaron por el éxodo o
auto exilio al viajar al extranjero en búsqueda de mejores oportunidades
laborales, realizar estudios de especialización o posgrado mientras duraba el
periodo de recesión.
En la
década de los noventa la oportunidad por presentarse a un concurso público se
desestimó pues el estado durante el gobierno de Fujimori promulgó la Ley de
Contrataciones del Estado con la que se otorga el proyecto al mejor postor en
vez de velar por su calidad. Sin embargo, el Colegio de Arquitectos del Perú
(CAP) siguió supervisando la labor del arquitecto a través del concurso de
calidad arquitectónica, en ellos participaron mujeres con proyectos que fueron
premiados, así mismo surgieron exposiciones y premios como Las Bienales de Arquitectura
Peruana y Casa Cor Perú que han contribuido a visibilizar su labor.
Cronología de los Centros Universitarios de
formación del arquitecto y las revistas académicas de arquitectura
La
primera universidad en la que se imparten estudios de arquitectura es la UNI a
través de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Artes (FAUA) creada a desde
el Departamento de Arquitectura en 1946, a partir de la Sección Especial de
Arquitectos Constructores en 1910. Años más tarde, en 1960 en Cusco la
Universidad San Antonio de Abad apertura la Sección de Arquitectura en la
Facultad de Ingeniería Civil y desde 1978 se creó como un programa académico
independiente. En 1961, la Universidad Nacional del Centro presentó en su
filial la Facultad de Arquitectura Social y en 1963 la Universidad Federico
Villareal creó la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Artes plásticas que
para el 2001 cambió de nombre a Facultad de Arquitectura y Urbanismo.
En
1962, la Universidad Nacional del Centro del Perú, antes Universidad Comunal,
abrió la Facultad de Arquitectura Social en Huancayo. En 1964 se creó la
Escuela de Arquitectura en la Universidad Nacional de San Agustín en Arequipa,
que hasta 1966 recibió apoyo de la UNI ya que en 1977 adquirió total
independencia contratando como docentes a profesionales argentinos. En 1969, se
creó la primera facultad de arquitectura en una universidad privada. Se trató
de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo en la URP. Nueve años más tarde la
Universidad Femenina del Sagrado Corazón en 1978 instauró en su sede el
Programa de Arquitectura Social que en 1982 se convirtió en Facultad de
Arquitectura.
La
década de los ochenta se caracterizó por la apertura de centros de enseñanza de
arquitectura en provincia. Así, se crearon facultades de arquitectura en la
Universidad Peruana Los Andes en Huancayo en 1982 y en 1988 en la Universidad
Privada Antenor Orrego en Trujillo. Al sur del país, en Tacna, se creó la
Facultad de Arquitectura y Urbanismo en la Universidad Privada de Tacna. En
Lima la Universidad San Martín de Porres apertura la Facultad de Ingeniería y
Arquitectura en 1988, mientras que en 1994 la Universidad Peruana de Ciencias
Aplicadas puso en marcha a su Facultad de Arquitectura. A finales del siglo XX,
según Webb y Fernández (2001) se han registrado un total de 17 centros de
enseñanza de arquitectura a nivel nacional, de los cuales 9 corresponden a
universidades públicas y 8 a universidades privadas. Para el periodo de estudio
en la ciudad de Lima se registraron 6 universidades, 2 nacionales y 4
particulares. A finales del siglo XX se observa una concentración de centros de
enseñanza de la arquitectura. (figura 1).

Figura 1:
Centros de
enseñanza de Arquitectura en el Perú durante el siglo XX
Fuente: Datos obtenidos de la
investigación
Elaborado por: Autoría propia
En las
bases de datos consultadas se encontró que el total de publicaciones periódicas
especializadas en el campo de la arquitectura registradas para el periodo de
estudio fueron 17, de las cuales 11 eran revistas, 4 boletines y 2 anuarios. De
las revistas sólo tres han sido editadas por universidades. Estas son la
revista H.U.A.C.A, y CON/TEXTO de la UNI y Arquitextos de la URP. La primera,
H.U.A.C.A, fue la Revista de historia, urbanismo, arquitectura, construcción y
arte de la FAUA, sólo contó con cuatro números, su publicación inició en 1987 y
el último número se publicó en 1994. La segunda, CON/TEXTOS, fue una revista de
avances de investigación de la Maestría de Arquitectura de la FAUA-UNI, su
primer número se editó en 1991 y contó con tres números hasta 1993 fecha en la
que se dejó de publicar. Por último, la revista Arquitextos, reconocida como
revista de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Ricardo
Palma, inició su publicación en 1993, aún se mantiene en vigencia, hasta el
2000 ya había alcanzado un total de 11 números. La indexación en catálogos de
control de calidad de las revistas no era práctica que se llevara a cabo durante
el periodo de estudio. Eran los directores y editores quienes se hacían cargo
del control de calidad de las revistas y su contenido.
La
revista H.U.A.C.A. de periodicidad anual, publicó un total de cuatro números,
el primer número con 11 títulos, el segundo con 12, el tercer número publicó 9
títulos y el cuarto número 7, haciendo un total de 39 títulos, de los cuáles
solo dos corresponden a coautoría con mujeres. En relación a la revista
CON/TEXTOS, esta tuvo una periodicidad anual, publicó un total de tres números,
el primero con 8 títulos, el segundo con 14 y el tercero con 8, haciendo un
total de 30 títulos, de los cuales seis fueron escritos por mujeres de manera
individual, uno en coautoría entre mujeres y tres en coautoría mixta. En
Arquitextos se publicaron un total de 11 números, el primero y el segundo con
24 números cada uno, el tercero con 18, el cuarto con 11, el quinto con 15, el
sexto con 13, el séptimo con 14, el octavo con 19, el noveno con 15, el décimo
con 16 y el onceavo con 20, haciendo un total de 189 títulos. Los números uno,
dos, cinco, seis y once tuvieron periodicidad anual y los demás correspondieron
a una publicidad bianual. Del total de títulos, 27 fueron de autoría de
mujeres, 14 en coautoría mixta y dos de coautoría entre mujeres.
En el
periodo de estudio se registra un total de 18 números en las tres revistas,
sólo uno de ellos se publicó en la década de los ochenta, observándose que la
mayor concentración tuvo lugar a finales del siglo XX. Por otro lado, hay que
tener en cuenta que la revista Arquitextos es la única que ha logrado
continuidad en el tiempo, aun cuando se pudo haber cambiado a la modalidad
bianual en algunos números. La periodicidad de las revistas H.U.A.C.A y
CON/TEXTO su publicación fue intermitente y su vigencia duró pocos años. Tal
vez esto pueda haberse debido a las dificultades de los centros de enseñanza
nacionales para conseguir fondos e incentivos para la publicación. Las tres revistas fueron publicadas en
versión en físico y no todos los centros de enseñanza de arquitectura en Lima
tuvieron a su disposición una revista académica que permita difundir
conocimiento y fomentar el intercambio académico (figura 2).

Figura 2:
Cronología
de las publicaciones periódicas en el Perú durante el siglo XX e inicios del
siglo XXI. Se incluye el periodo de 1980 al 2000.
Fuente: Datos obtenidos de la
investigación
Elaborado por: Autoría propia
La producción de la mujer en las revistas académicas
Para
el reconocimiento de la producción de la mujer en las tres revistas académicas
de arquitectura en Lima estudiadas se han considerado el tipo y formas de
autoría con las que participaron en las publicaciones, así como los tipos de
temas tratados.
Sobre el tipo y formas de autoría
Entre
1980 al 2000, se han registrado en las tres revistas académicas estudiadas un
total de 258 títulos, de los cuales el 8.14% carece de autor, por lo que se
asume que se trata de textos desarrollados por los editores de las revistas, el
79.84% es de autoría individual y el 12.03% ha sido desarrollado en coautoría,
las cuales han sido llevadas a cabo entre varones, en forma mixta y en
sororidad. Del total de títulos registrados con autores a nivel individual el
78.39% fueron de varones y el 21.61% de mujeres. Entre los títulos en coautoría
31 fueron llevados a cabo de manera mixta entre miembros de ambos sexos, 9 en
colaboración entre hombres y 3 por asociación entre mujeres.
Del
total de títulos que registran algún tipo de autoría, el 78.39 % fueron varones
y el 21.61% fueron mujeres. Podría decirse que en las revistas académicas
predomina la autoría masculina y sólo una tercera parte de ellos corresponden a
mujeres. La mayor producción de mujeres se registró entre los años 1993 al
2000.
Sobre los temas tratados
Las
revistas académicas estudiadas abarcan diversos temas. Cada revista desarrolló
su propia forma de estructurarse, para facilitar la caracterización en cuanto a
temas se han clasificado los títulos según criterios comunes. Estos se han
agrupado en teoría y crítica, planificación, arquitectura, urbanismo,
tecnología, e historia.
La
producción de las arquitectas en las revistas académicas en Lima se centra
principalmente en el desarrollo de temas: arquitectura (33.33%), seguido por
planificación (17,54%), urbanismo y vivienda, teoría y crítica de la arquitectura
y urbanismo y vivienda (12, 28%), historia (7.01 %) y arte (5.2%).
En
cuanto a arquitectura, se desarrollan proyectos arquitectónicos de
infraestructura de servicios y vivienda, así como la presentación de proyectos
de tesis tanto a nivel de Lima Metropolitana como al interior del país, entre
los casos presentados se pueden citar proyectos de infraestructura educativa en
áreas periféricas de la ciudad como el proyecto de la Universidad Tecnológica
de Villa El Salvador” de Evelyne Méndez de los Ríos. Otro ejemplo lo constituye
el proyecto de “Vivienda por autoconstrucción en Puerto Maldonado” de Carmen
López Aliaga. El museo de Arte Contemporáneo de Miraflores de Verónica Pereyra
y Cynthia Seinfeld o el “Albergue Turístico en la zona reservada del Manu.
Albergue Matsiguenka de Tanith Olórtegui.
La
planificación también fue motivo de reflexión y estudio, La primera arquitecta
que abordó el tema en las revistas estudiadas fue Victoria Ramos, desde
“Momento de rendir cuentas” y posteriormente con “Programas de vivienda”, así
como “Perú: perspectivas de la regionalización como estrategia para
descentralizar” de María del Carmen Vidal Arauzo. “La planificación y su
fomento en ciudades medias latinoamericanas. Algunas reflexiones” de Virginia
Marzhal Sánchez o la Teoría del Estado Nación y la descentralización” de Isis
Bustamante y Luzmila Shabauer.
En
cuanto al urbanismo, el principal tema tratado fue el espacio público. Soledad
Herrera presentó “Espacios públicos y esculturas” y “Apuntes sobre los espacios
públicos” así como los temas de vivienda desarrollados por Victoria Ramos. En
teoría y crítica se hicieron traducciones sobre teorías que se estaban
discutiendo en países desarrollados. María Burela e Isabel Corasao
contribuyeron a su difusión ejemplo de ello “Notas acerca de la deconstrucción
desde la modernidad” y la traducción de “Reflexiones sobre una herejía
educacional” respectivamente y temas de semiótica como “Huaca de los Reyes. Una
lectura semiótica y quechua y arquitectura. Análisis lingüístico de las
categorías sobre lo edificado” de Gloria Camino.
En
cuanto a historia, el tema del patrimonio y el centro histórico de Lima fueron
los más abordados, Sandra Negro aportó con “La arquitectura mueble de los
retablos virreinales” y María del Carmen Fuentes hizo lo propio con “Historia
de su transformación físico espacial: Mendocita”. Desde la tecnología se
abordaron temas como “Sistematización de la forma” de Aurora Pérez,
“Tensegrity” de Rosario Pacheco, “Computación aplicada al diseño
arquitectónico” de Julia Barrantes, este tema también fue abordado por Paola
Rosado con “El arquitecto y su inicio en el mundo de la informática” habida
cuenta de que la tecnología estaba haciendo su aparición y se posicionaba en el
campo de la expresión gráfica.
Desde
su vínculo con el arte se abordaron temáticas a partir de la gráfica
arquitectónica como los presentados por Giovanna Andaluz “La ciudad de los
reyes. Adaptación y artes de los hermanos Karamazov de Fedor Dostoievski.
Diálogo entre el inquisidor y el supuesto nuevo Mesías. Sevilla (S. XV)”, así
como “Historiografía del arte y la arquitectura” de Hilda Berentzen.
En las
entrevistas realizadas se expresó la dificultad que para las mujeres significó
la publicación en las revistas académicas. Por un lado, se reconoció que a
finales del siglo XX la profesión se mantenía bajo el dominio de los varones,
quienes se dedicaban principalmente a la práctica proyectual y construcción.
Los debates teóricos y la crítica arquitectónica era espacio de unos pocos, por
lo que la investigación y la publicación no era imprescindible a ser
desarrollada. Las mujeres que publicaron
en las revistas académicas recibieron una invitación directa del director o
Editor de la publicación demostrándose el carácter elitista de esta actividad.
Los temas elegidos fueron resultado de la experiencia de las autoras en
atención a la condición de la revista como medio de difusión e intercambio de
conocimiento por estar asociadas a centros de enseñanza.
CONCLUSIONES
Las
dos últimas décadas del siglo XX se caracterizaron por ser un periodo de tensión
política que repercutió en el desarrollo del país, con ello de la arquitectura
y el rubro de la construcción. La apertura a la educación, el aumento de
egresados de las escuelas, la escasez de trabajo por la recesión económica y
poco incentivo a la inversión inmobiliaria generó el auto exilio de un número
de arquitectas en busca de un porvenir. Las arquitectas que se quedaron en el
país desarrollaron sus labores en la práctica proyectual, la docencia y como
funcionarias públicas, su experiencia fue tomada como temas para el
planteamiento de sus publicaciones académicas.
La
arquitectura en tanto práctica asociada a la actividad masculina ha permitido
por el sesgo androcentrista el reconocimiento de la labor y pensamiento del
arquitecto como gran figura representativa, los star system, lo que
excluye a la figura femenina de la historiografía de la arquitectura. Sin
embargo, se observa desde los temas planteados en las publicaciones académicas
su compromiso con la problemática de la arquitectura y la realidad nacional. Se
desarrollan temas más allá de lo proyectual o de afinidades que por su propia naturaleza
le estarían asociadas, así se vinculan con la actividad proyectual en la
arquitectura, con reflexiones y/o difusión de teorías, la tecnología, la
recuperación del patrimonio, la tecnología limpia y sostenibilidad, la
introducción a los avances tecnológicos y la informática aproximándose a los
nuevos programas y softwares de representación gráfica y diseño, a la
problemática habitacional, el urbanismo y el paisaje, así como a las
expresiones del arte puro.
El
acceso a la publicación fue posible a través de relaciones laborales y amicales
en las que se reconocía el potencial de la mujer para comunicar su experiencia
e ideas. Su producción fue resultado de su compromiso con la realidad, el
sentido de responsabilidad y reconocimiento del valor de las revistas como
medio de difusión para complementar la práctica docente al reconocer el
producto como referentes para recoger hechos que permitan construir la memoria
histórica y crear y fortalecer la opinión pública de los lectores.
Este
artículo abre líneas de investigación que pueden ser desarrolladas en
profundidad para el reconocimiento de la producción intelectual de la mujer en
la arquitectura desde diferentes campos temáticos como la arquitectura, el
urbanismo, el arte, el paisaje, la tecnología, entre otros. Así mismo se puede
ahondar en el reconocimiento de su labor en diferentes estadios temporales
desde la formación de las mujeres en la arquitectura hasta nuestros días. Este
estudio puede ser replicado para estudiar la producción intelectual de mujeres
arquitectas en las revistas académicas publicadas al interior del país para la
visibilizar la labor de aquellas mujeres que por el centralismo arraigado en
Lima como ciudad capital no han sido consideradas en la historiografía de la
arquitectura.
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